Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Ilustración: Composición GEC
Antaño, la proximidad de las Fiestas Patrias hacía soñar a los niños con los circos y a los políticos, con fajines. En lo que concierne a los chicos, eso ha cambiado mucho. Trate usted de convencer a un muchacho de dejar tranquilo su celular para ir a ver los tortazos de unos payasos chilenos bajo alguna carpa levantada en un arenal del cono norte y podrá comprobarlo. En lo que respecta a los adultos con inclinación por el protagonismo público, sin embargo, la cosa se mantiene intacta. De ahí las colas que se forman delante del local en donde despacha la presidente electa, Keiko Fujimori. De ahí, también, la gran excitación que se percibe en estos días en el entorno de ciertos candidatos que no tuvieron suerte en las ánforas. Hay que decir, por supuesto, que a estos últimos nadie podría culparlos por ese apetito. Se pasaron meses imaginando un futuro de pompa y protocolo, y de pronto un ‘flash’ electoral los trajo malamente a tierra. ¿No resulta humano entonces su afán por hacerse aunque sea de una dosis de poder más modesta?
Antaño, la proximidad de las Fiestas Patrias hacía soñar a los niños con los circos y a los políticos, con fajines. En lo que concierne a los chicos, eso ha cambiado mucho. Trate usted de convencer a un muchacho de dejar tranquilo su celular para ir a ver los tortazos de unos payasos chilenos bajo alguna carpa levantada en un arenal del cono norte y podrá comprobarlo. En lo que respecta a los adultos con inclinación por el protagonismo público, sin embargo, la cosa se mantiene intacta. De ahí las colas que se forman delante del local en donde despacha la presidente electa, Keiko Fujimori. De ahí, también, la gran excitación que se percibe en estos días en el entorno de ciertos candidatos que no tuvieron suerte en las ánforas. Hay que decir, por supuesto, que a estos últimos nadie podría culparlos por ese apetito. Se pasaron meses imaginando un futuro de pompa y protocolo, y de pronto un ‘flash’ electoral los trajo malamente a tierra. ¿No resulta humano entonces su afán por hacerse aunque sea de una dosis de poder más modesta?
Ilustración: Composición GEC
Visto desde la perspectiva de quien se dispone a manejar el país, en cambio, el asunto luce distinto. Quien se encuentra en tal tesitura enfrenta siempre el dilema de si armar un gabinete esencialmente conformado por “técnicos” o por “políticos”. Los primeros, se entiende, son personas duchas en la materia asociada a la cartera que se les encomienda: economía, justicia, salud, etc. Los segundos, por contraste, individuos de habilidades negociadoras que tendrían que reportarle al gobierno la adhesión de sectores que no lo respaldaron originalmente en las urnas. En las actuales circunstancias, cualquiera de las dos opciones sonaría razonable… A diferencia de la que supondría conformar un Consejo de Ministros lleno de integrantes que no aportasen lo uno ni lo otro.
–Ojo con Wolfgang–
Por peregrina que parezca, no obstante, esa idea estaría rondando la atribulada cabeza de nuestra ya casi, casi, mandataria. De acuerdo con versiones creíbles que circulan entre los enterados, la señora Fujimori estaría considerando, en efecto, sazonar su gabinete de estreno con la presencia de ex postulantes presidenciales que no fueron precisamente agasajados por el electorado en la primera vuelta y que tampoco tendrían un conocimiento “técnico” de los menesteres del portafolio que se les encargaría. Es decir, un desacierto por donde se lo mire.
¿Qué le sumaría al nuevo gobierno contar, por ejemplo, en Cancillería con el antiguo aspirante de un partido que no hubiera llegado ni octavo el 7 de abril y que de relaciones exteriores supiese menos que de rutinas de artes marciales? ¿De qué le serviría, por otro lado, colocar en, digamos, Defensa a quien a duras penas hubiese logrado arañar unos 40 mil votos para presidente (ojo con Wolfgang Grozo, que obtuvo más de 60 mil y también se ha caído por el cuartel general de Fuerza Popular) y tuviese en el sector en cuestión una experiencia comparable a la de un ingeniero de minas? Por lo que se sabe, los ciudadanos en los que la futura gobernante estaría pensando para esas u otras responsabilidades son individuos probos, lo que ya es bastante decir en el contexto de nuestra administración pública. Pero no es suficiente. Lo sensato sería repartir fajines entre hombres y mujeres que, o bien conozcan de la tarea que se les asigna, o bien vengan con un respaldo político bajo el brazo. De lo contrario, terminaremos con ministros que correrán el riesgo de ser saludados en las ceremonias oficiales con la vejatoria fórmula: “excelentísimo señor pitufo”, mientras la pompa y el protocolo se van por el sumidero.