Y no se va...

Pedro Castillo no tiene cómo ni por qué dejar la prisión.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

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    Resumen

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    Ilustración: Composición GEC
    Ilustración: Composición GEC

    Como no sea fugándose, Pedro Castillo no tiene cómo dejar su encierro en el futuro cercano. A raíz de su golpe incompetente, tiene una condena de más de 11 años de cárcel efectiva por conspiración para la rebelión que todavía va para largo. Y por el caso “Puente Tarata”, asociado más bien a su presunta participación en una organización criminal, pesa sobré él una prisión preventiva que se extiende hasta marzo del próximo año. Ahora bien, desde hace meses, se viene especulando en la opinión pública sobre la posibilidad de que Balcázar le conceda un indulto a propósito de lo primero. Pero esa posibilidad choca con algunos ingratos elementos de realidad. En primer lugar, la sentencia –que es de primera instancia– tendría que estar consentida y no apelada, como en efecto está. Una sentencia no puede estar simultáneamente consentida y apelada, tal como el pollo de su famosa parábola budista no podía estar vivo y muerto al mismo tiempo.

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