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Almagro sobre PPK: "No está en mis competencias apoyar a políticos"

Para el secretario general de la OEA, la cumbre de Lima contribuirá al fortalecimiento del sistema anticorrupción regional

Luis Almagro

Almagro señala que la renuncia de Kuczynski y la toma de mando de Vizcarra “se llevaron de una manera muy institucional”. (Foto: AFP)

Luis Almagro, secretario general de la OEA y anfitrión de la VIII Cumbre de las Américas junto con el presidente peruano Martín Vizcarra, califica como histórico lo sucedido ayer. El consenso vertido en el Compromiso de Lima lo ilusiona, aunque reconoce que le hubiese gustado ver esa unanimidad en rechazo a las dictaduras venezolana y cubana.

—No todos los ciudadanos ven un impacto real en este tipo de cumbres. ¿Qué medidas concretas destacaría como resultado de la cita en Lima?
Esta cumbre está muy cerca de la ciudadanía. La lucha contra la corrupción es fundamental para toda sociedad. Es un éxito que el Compromiso de Lima, “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, se haya aprobado por aclamación. Hace 13 años los presidentes no alcanzaban el consenso en una cumbre. Valoramos el llamado a fortalecer el mecanismo de seguimiento de lucha anticorrupción, de modo que los estados internalicen sus recomendaciones. La propia OEA es hoy percibida por la ciudadanía como más cercana y un referente en la defensa de la democracia y derechos humanos.

—Para algunos, la ausencia de mandatarios como Donald Trump o Nicolás Maduro podría quitarle peso a los acuerdos alcanzados.
Los acuerdos son igual de relevantes. La cumbre tiene un peso específico por la institucionalidad que representa, más allá de las personas.

—Señaló en una entrevista a “El País” que no esperaba una declaración contra los regímenes de Maduro o Raúl Castro. ¿Por qué?
Hubo un pronunciamiento fuerte sobre la crisis política y humanitaria que sufre Venezuela por parte de un grupo importante de países, pero no podíamos esperar una declaración por fuera de la agenda temática. El sistema interamericano ya aprobó dos resoluciones. Y nos consta, además, que existen coordinaciones en curso de los equipos de finanzas de todos los países para estudiar sanciones más duras, siguiendo los ejemplos de Colombia y Panamá. Lo peor que les puede pasar a Venezuela y Cuba es la prolongación de las dictaduras que sufren. Tenemos que dar respuesta. No podemos ser indiferentes.

—A pesar del rechazo, en Venezuela nada cambia. ¿Hasta cuándo este debe quedarse en meras exhortaciones a un gobierno dictatorial?
Hay que dar una oportunidad a las sanciones hacia Venezuela y endurecerlas para generar espacios de negociación hacia la transición democrática. Sin la presión internacional, el cambio no se dará. Tenemos que agotar los caminos de la diplomacia, de la paz hacia la paz y de la democracia hacia la democracia.

—Para usted, Latinoamérica se está sacando “las partes podridas” de la corrupción. Aun así, lo que sucede hoy parece solo un recuerdo de pasajes de la historia regional. ¿Por qué cuesta tanto salir de esa espiral?
Los casos que se están juzgando son de cuando existía impunidad y se pretendía que estaba todo bien. Hoy eso es parte del pasado y estamos juzgando corruptos. Es una señal, una pauta de cultura política diferente. Antes había certeza de impunidad. Quizás todavía no tenemos en todos lados certeza de justicia, pero sí posibilidades mucho más altas de obtenerla. Podemos, con empujones como el de esta cumbre, tener esas certezas. Uno de los caminos es reforzar instrumentos de lucha internacional contra la corrupción, como se hizo con la defensa de derechos humanos.

—¿Existe garantía alguna de que este contexto de corrupción regional no se repetirá?
Lo importante es que se persiga y se castigue adecuadamente, que no exista impunidad. Contra la corrupción, tolerancia cero.

—¿Qué acciones adoptadas por el sistema peruano calificarían como una “eliminación de las partes podridas” a las que alude?
Nuestros ciudadanos exigen cada vez más rendición de cuentas de sus líderes. El Perú ha hecho un esfuerzo grande contra la corrupción y lo sigue haciendo. Se ha visto reflejado en las últimas acciones por todos conocidas. Cada procesamiento, condena y hallazgo de dinero mal habido es parte esencial de ese proceso quirúrgico. La institucionalidad ha funcionado y la independencia con la que actúan fiscales peruanos es un ejemplo. Ojalá tuviéramos en otros países fiscales como los que tiene el Perú.

—En ese espectro, ¿dónde ubicaría la reciente renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la presidencia?
Los mecanismos previstos en la Constitución se aplicaron como debían y el país, su gobierno y sus instituciones siguieron funcionando.

—¿Cómo tomó la comunidad interamericana la reciente crisis política?
Se llevó de una manera muy institucional, con apego al Estado de derecho. La comunidad interamericana realizó una positiva valoración de cómo el Perú manejó esta transición.

—Negó los dichos de algunos parlamentarios que señalaron que usted intentó convencerlos para no proceder con la vacancia de Kuczynski. ¿Por qué los congresistas ensayarían acusaciones de ese tipo?
Estuve reunido, pero no me puedo hacer cargo de las interpretaciones que hacen los que se reúnen conmigo. Sí queda claro que esa terminología no la utilicé ni antes ni después, ni en público ni en privado, y no está en mis competencias apoyar o dejar de apoyar a políticos en el continente. No es el trabajo de la OEA. Solo nos ocupamos de temas institucionales, sin ningún intervencionismo.

—¿Kuczynski le solicitó en algún momento apoyo o alguna manifestación específica para evitar que se concrete una vacancia contra él?
No. Él invitó a misiones de la OEA para observar la institucionalidad de los procedimientos. La OEA no debía tomar partido sino observar y llegar a conclusiones. Eso hicimos. Las conclusiones son las expresadas hace un momento. Ahora el presidente [Martín] Vizcarra ha logrado recuperar la confianza de los peruanos y ha encauzado la estabilidad política e institucional, que es clave para el desarrollo.

—¿A qué respondieron, entonces, sus reuniones con parlamentarios?
Era fundamental obtener respuesta sobre los principales aspectos institucionales de esa situación. También se exploró la posibilidad de implementar un acuerdo de cooperación con el Congreso peruano y la OEA. Desde que asumí el cargo dije que soy gobierno y oposición: escucho a todos.

—¿Le parece justificada la renuncia de Kuczynski?
El presidente Kuczynski renunció. Él ya explicó las razones. No me corresponde a mí evaluar si hubo otras.

—¿En qué posición del tablero regional deja esta cumbre al nuevo presidente Martín Vizcarra?
Él ha fortalecido la posición política del Perú. La cumbre ha sido clave en el fortalecimiento del sistema interamericano para combatir la corrupción y este será siempre asociado con el Perú. Lo que ha logrado el presidente en tan poco tiempo –recuperar la confianza política y organizar un evento tan importante– es un buen reflejo de su capacidad de acción.

—Ya que volvemos a la cumbre, la ausencia de Trump generó desazón en líderes que esperaban conocer el papel que juega Latinoamérica para él.
Una nueva administración de EE.UU. implica siempre un reacomodo del vínculo con los países del continente. Hay señales positivas, como las posiciones sobre Venezuela y Cuba. Hubo, sí, una retórica que tiene que ver con variables de política interna y afectó relaciones bilaterales.

—Un discurso cuando menos polémico hacia los latinos.
En hechos más que en palabras, la administración [de Barack] Obama construyó mucho más muro de lo que ha construido Trump y deportó muchos más latinos de los que probablemente deportará. La relación con Latinoamérica siempre ha sido extraordinariamente favorable para ellos: cuanto más fuerte ha sido, más nos ha costado a los latinos y más benefició a EE.UU. Sería ideal ir hacia una agenda con mejores vínculos políticos, esquemas de defensa de la democracia, de protección de los derechos humanos, comercio y cooperación.

—El viernes EE.UU., Francia y Reino Unido comunicaron su decisión de atacar zonas de Damasco (Siria). ¿Qué evaluación hace de ello?
El uso de armas químicas no es el único crimen de lesa humanidad de Bashar al Asad contra su pueblo. No es admisible ser indiferentes ante tanto sufrimiento. Ojalá entendiera otras razones pero no ha sido así, lamentablemente. El sistema interamericano debe seguir de cerca los acontecimientos y tomar una posición. El conflicto sirio lleva años de escalada de violencia con consecuencias globales terribles.

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