Resumen

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(Foto: EFE)
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Por Carlos Cabanillas

Una reflexión contra intuitiva: jugar un partido de fútbol en un país autoritario no implica avalar sus políticas públicas. Cantar en Qatar no es un delito, aunque en eso parecen no coincidir Shakira, Dua Lipa o Rod Stewart. Suena obvio, pero hay que decirlo. La controvertida decisión de la FIFA de ampliar sus sedes en regímenes como los de Rusia y Qatar solo son la confirmación de otra obviedad: que el mundo es ancho y ajeno. Y que la realidad es mucho más compleja de lo que cree un activista millennial.

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