El centro tiene algo de magia, algo de eternidad y algo de realidad por donde sea que se le mire o se le recorra. Esas esencias conviven, se entrelazan entre sí, en cada uno de sus jirones, plazuelas, calles, balcones, casonas y edificios centenarios. Lo que aquí se respira -cuando se visita, o cuando se dedica buena parte de la vida a habitar esta zona de la ciudad- es un espíritu único, indescriptible. En esta Lima infinita, la gastronomía es parte fundamental de la experiencia todos los días, pero es especialmente importante cuando se trata de octubre.

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