Por Diana Gonzales Obando

Es imposible recorrer Madrid sin enamorarse de ella. La elegancia de sus calles compite con sus historias detrás. Sus días y sus noches de cultura rebosante, la convierten en una ciudad infinita, un destino cosmopolita con expresiones de todo el mundo donde el arte y la gastronomía se disfrutan en cada momento. Está hecha para contemplarla y, por supuesto, saborearla.