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Ricardo Guerra Vásquez

Periodista en Economía y Negocios

ricardo.guerra@comercio.com.pe

El empresario Wilson Ramírez debió enfrentar extorsiones de , los estragos del y obstáculos en su desarrollo profesional por restricciones familiares que le pusieron piedras en el camino para avanzar con su carrera. Pero nunca bajó la cabeza. Hoy es gerente general de Servicentro Ramírez, compañía que lleva más de dos décadas operando.

—¿Cómo inició su negocio?
Tenía, junto a mi familia, un aserradero en Yurimaguas (Loreto). Iba bien hasta que apareció un grupo de terroristas para pedirnos dinero y amenazarnos de muerte. Les dimos una parte, pero volvieron y por mayores cantidades. La intranquilidad nos motivó a dejar ese negocio e irnos a Trujillo.





—¿Y continuó con el aserradero?
A Trujillo llegamos cuando grandes marcas de grifos ingresaban al país. Un amigo me dijo que el local que utilizábamos para vender la madera traída de la selva era ideal para colocar un grifo: estaba en una esquina y en plena carretera, así que decidimos hacerlo. Tuvimos problemas, como los estragos del fenómeno de El Niño, pero desde el inicio captamos una buena cantidad de clientes a raíz de una óptima atención que daban nuestros colaboradores.

—El capital humano es un factor importante para su empresa.
Sí. En la actualidad, tenemos una planilla de 200 personas, en la que la mayoría son jóvenes. Es un segmento que muchas veces ve cómo las empresas le cierran las puertas por su edad.

— ¿Incluyen también a personas de edad avanzada?
También. Por ejemplo, tres personas —un contador, una secretaria y un conserje— nos acompañan desde que teníamos el aserradero. Creemos en la inclusión de las personas. Yo creo que para tener éxito en la vida depende solo de la actitud.

—¿Y en cuanto a valores?
La puntualidad es un valor fundamental dentro de toda cultura empresarial.

—¿Cómo recibe ser un premio LEC?
En el país existen empresarios que se han sacrificado bastante para forjar su camino y que me reconozcan a mí como uno de ellos me llena de orgullo. Lo tomo con humildad, pero también con responsabilidad, ya que me motiva a seguir trabajando

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