La facultad del Estado de imponer sanciones es legítima, pero cuando se da de forma arbitraria e irracional puede deslegitimarse y convertirse en un ejercicio abusivo. Imponer sanciones desproporcionadas no solo puede ser injusto, sino que puede tener efectos devastadores, especialmente en pequeñas o microempresas, que pueden verse obligadas a cerrar, afectando a familias enteras.

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