(Foto: El Comercio)
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Al liderar un , afloran sentimientos que parecieran extraños, como el asombro, el nerviosismo o la necesidad de reconocimiento pero, sobre todo, la generación de una adrenalina y una energía que contagian. Toca transmitir el convencimiento del éxito del proyecto a todo el entorno y que todo depende del querer trabajar juntos, con transparencia, confianza, respeto y humildad.

Los proyectos requieren tiempo para tomar forma. Muchos sufren cambios en el camino por temas de mercado, falta de infraestructura, relacionamiento social o situación financiera del orquestador. Una vez que se van dilucidando las incógnitas y ya se visualiza algo concreto, el proyecto cobra vida propia y anda por sí solo.

En el Perú, para que un proyecto cobre vida propia se tiene que transitar por un largo y sinuoso sendero, quizás más largo de lo necesario, y esa es una de las razones por las que muchos proyectos se quedan en el camino. Debiéramos poder tener la visión de país de hacia dónde vamos y a dónde queremos llegar, para evitar poner más obstáculos de los que de por sí ya tenemos, para revisar normas, para impulsar el diálogo entre las partes y para volver a confiar en la palabra de las personas.

El reto es acortar el camino sin dejar de resguardar los derechos de todos. Es bueno tener una historia como país que respeta los contratos y acuerdos, con estabilidad económica y jurídica, un país con muchos recursos naturales que acoge a la inversión. Tenemos todo eso, pero no es suficiente. Se tiene que tener un marco de inversión ágil, competitivo, que se adapte a los cambios internacionales de mercado para no perjudicar la economía de los contratos; un marco de inversión donde el Estado sea un socio estratégico y acompañe en el desarrollo del proyecto.

El tiempo pasado no se recupera, pero sí podemos trabajar el presente y prepararnos para el futuro. Requerimos valorar los recursos de hidrocarburos en el zócalo, la costa, la meseta andina y la Amazonía. Se aprende de la historia corrigiendo y mejorando. Por lo general, los proyectos extractivos de hidrocarburos están en áreas remotas, poco frecuentadas por el modelo económico del desarrollo. Áreas donde viven peruanos alejados, enfrentando desafíos climáticos, logísticos, de comunicación, con limitado acceso a beneficios de salud y educación. La posibilidad de realizar un proyecto en áreas remotas abre las puertas a un mejor futuro, acerca a todas las partes.

Los proyectos en hidrocarburos se dan por fases. Primero la búsqueda, la exploración, en la cual, por medios indirectos como los registros sísmicos, se definen posibles zonas de interés. Luego viene la comprobación de presencia o no del hidrocarburo, para lo cual se realiza la perforación del pozo. Hasta esta etapa pueden transcurrir muchos años y un alto riesgo económico. Finalmente, si se da el hallazgo, viene el desarrollo productivo del mismo. Es un camino largo, no exento de riesgos y complicaciones.

Pareciera que empezamos nuevamente a andar por la senda de la inversión. Requerimos mayores y profundos cambios; cambios de actitud, de innovación, una apertura a la creatividad y, responsablemente, la visión de ir más allá todavía.

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