Un testimonio del paraiso perdido: Chávez muestra una foto suya a los 11 años en Trujillo con su uniforme escolar. (Foto: Alessandro Currarino)
Un testimonio del paraiso perdido: Chávez muestra una foto suya a los 11 años en Trujillo con su uniforme escolar. (Foto: Alessandro Currarino)
Por Enrique Planas

Cuando era niño, no sabía su propio nombre. Hasta antes de ir al colegio, solo respondía a los apelativos que le gritaba su madrastra: piojo blanco, pilón, duende. Cuando empezó a ir a clases, se enteró que debía dar su nombre completo: Gerardo Chávez López. Pero en casa nadie lo llama así por no convocar la memoria del hijo muerto de su padre y su segunda esposa, ahogado en una laguna cercana a El Milagro, 15 años atrás. Era un excelente nadador, pero las plantas del fondo se enredaron en sus tobillos. Era entonces un adolescente y le decían “el chanchito”.

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