Después de su participación sobre el cierre de la FIL LIMA, el servicio cultural de la Embajada de Francia en el Perú ya coordina con él agenda para comprometerlo al Hay Festival de Arequipa del próximo 2021. Foto: Joel Saget / AFP.
Después de su participación sobre el cierre de la FIL LIMA, el servicio cultural de la Embajada de Francia en el Perú ya coordina con él agenda para comprometerlo al Hay Festival de Arequipa del próximo 2021. Foto: Joel Saget / AFP.
Enrique Planas

Su generación nació en la época donde ingresar a la clase media parecía al alcance de todos y que, sin embargo, al crecer vio desmoronarse la Europa socialdemócrata y su Estado de bienestar. En “Sus hijos después de ellos”, novela que le consiguió a Nicolas Mathieu el codiciado premio Goncourt 2018, el escritor francés traslada ese sentimiento de rabia por el futuro robado a un grupo de jóvenes furiosos ahogados en el claustrofóbico y ficticio valle de Heillange, al norte del país. Un lugar castigado por la desindustrialización, el paro y la melancolía.

A lo largo de cuatro veranos de la década del 90, incluido el Mundial de Francia 98, Anthony, Hacine y Stéphanie van creciendo y comprendiendo sus escasas posibilidades de abandonar esa vida circular, mediocre y agobiante. Construir una vida distinta a la de sus padres está lejos de ser una posibilidad. Mientras tiempos, poco antes de la explosión de las redes sociales, ellos pasan el tiempo entre motocicletas robadas, música de Nirvana, autos de choque, consumiendo drogas en fábricas abandonadas y soñando con sexo furtivo. Mathieu (Épinal, 1978) quien sostuvo una rauda conferencia virtual al final de la feria Internacional del Libro de Lima, comparte con El Comercio esta entrevista exclusiva. El servicio cultural de la Embajada de Francia en el Perú ya coordina con él sus agendas para comprometerlo al Hay Festival de Arequipa del próximo 2021.

“Sus hijos después de ellos” posee un lenguaje lleno de sugerencias donde no hay adjetivo obvio, pues recurres a símbolos muy cercanos. ¿Cómo es tu trabajo con el lenguaje?

Más que de la palabra símbolo, hablaría de la palabra signo, porque como en la vida, hay muchas cosas que ver en una novela. Yo trato que el lector interprete desde su experiencia estos signos. La novela no trata de pensar las cosas sino más bien imitar el mundo, y espero que el lector lo interprete. Estoy muy familiarizado con toda esta cantidad de signos, marcas y detalles pues vengo de la tradición de la novela negra. Dashiell Hammett o Raymond Chandler son grandes influencias para mí. Me encantan esos detalles en que descubrimos qué cigarrillos están fumando los personajes, o qué autos conducen. Todo eso son signos nada inocentes, ofrecen testimonio de los protagonistas.

"Sus hijos después de ellos", la edición española fue publicada el año pasado por AdN (Alianza de Novelas), Madrid.
"Sus hijos después de ellos", la edición española fue publicada el año pasado por AdN (Alianza de Novelas), Madrid.

¿Cuáles son los vasos comunicantes entre una novela de aprendizaje como “Sus hijos después de ellos” y tu tradición como escritor de novela negra? ¿Nuestras vidas son espacio también de intrigas cotidianas mínimas?

Es difícil para mí precisar un punto en común entre novela negra y novela de aprendizaje, pero lo cierto es que yo quise justamente hacer un híbrido entre ambas. Era mi proyecto inicial. Creo que el punto en que convergen en mi libro es la violencia. La novela negra nos muestra un mundo en que las personas son como son, mientras que en las novelas de aprendizaje, los hombres y las mujeres no se convierten en adultos por el hecho de quererlo, sino por efecto o consecuencia de algún tipo de violencia. Esta puede ser relacionada con el amor, con el duelo, con el luto, o con la decepción. De hecho, en esta novela, la decepción es uno de los principales motores de la trama.

Hablando de decepción, tus protagonistas son jóvenes que no tiene un norte fijo. Rebosan de vida, deseo y alcohol, todos quieren alcanzar un destino, pero este no existe. ¿Cuándo se acabó el destino para la generación de tus protagonistas, que es tu tuya también?

Lo que distingue a la generación de 1990 es la carencia de ideales. En el 89 cae el muro de Berlín, el 92 aparece el movimiento grunge, la música de Nirvana tiene mucho que ver con el final de los ideales. La gente se pregunta entonces si no es también el final de la historia. Creo que es una generación llena de energía, pero de una energía que da vueltas en el vacío.

Hay una frase acuñada en la novela, cuando hablas de “la enfermedad congénita de la cotidianidad replicada”. En efecto, tu novela habla de una sociedad que funciona como una máquina repetidora. ¿Los jóvenes están condenados a repetir la vida de sus padres?

Salvo algunas excepciones, es la regla de la eternidad. Aunque hay excepciones, generalmente uno crece, trabaja y se desarrolla cerca del lugar donde nació, repite las actividades de sus padres con ciertos márgenes de libertad. Sin embargo, esencialmente hacemos lo mismo. La sociedad miente mucho en su intención de repetir ese modelo. Yo, en esta novela, he tratado de no mentir. Solemos mentirnos sobre la proporción del condicionamiento que sufrimos, pero lo cierto es que vivimos muy condicionados. Desde nuestra lengua, la geografía donde crecimos, nuestro entorno. Para mí, lo ideal es que hubiera una mayor libertad y menos condicionamiento. Pero no soy filósofo, yo hago existir en mis novelas personajes en un mundo que lo más cercano posible a la realidad. Y lo que veo en esta realidad es justamente esta repetición. Yo no parto de tesis, solo trato de mostrar la realidad como es.

Sin embargo, Europa se asume como modelo para la globalización, permitiendo desde esa época la libre circulación de ciudadanos y de bienes. ¿Este ideal europeo de permanente intercambio sin fronteras, es acaso una ilusión?

Es algo difícil de responder. Lo que caracteriza a la globalización es la libre circulación de mercaderías y capitales, no de personas. En el caso de Europa, en los años 90 apareció una competencia con productos provenientes de China, de Turquía, de Rumania, incluso de América Latina, algo muy violento y radical para la historia de Europa, una mano de obra con la que los obreros europeos no pudieron competir. Muchísima gente perdió sus empleos y se vio en una situación muy difícil. Pienso que se debe diferenciar entre los ideales europeos y la Unión Europea como un sistema institucional: la idea de Unión Europea surgió para que no haya más guerras nunca más. Y ya llevamos el tiempo suficiente conviviendo e intercambiando entre nosotros que es posible hablar de algo parecido a una cultura común, a intereses comunes, a un sueño de prosperidad surgido con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Estamos hablando de ideales socialdemócratas. Ahora, lo que se ve en la realidad es una construcción humana, con intereses y funcionamientos específicos. Hoy, de lo que se habla es de un mercado liberal, pero los ideales, los horizontes, no funcionan tan bien en realidad. Ahora se habla de los países más fuertes y los más débiles al interior de Europa, es un juego geopolítico. La Europa de hoy es, más bien, un mercado europeo.

La crítica, al hablar de tu literatura, suele compararte con de escritores realistas del siglo XIX como Balzac, Zola, Flaubert. ¿De quiénes te sientes más cercano? ¿Volver al realismo clásico es una necesidad creativa?

En mi panteón personal hay muchos autores, no solo realistas. Pero sí, puedo decir que soy un fanático de Flaubert, lo he leído a fondo. En novelas como “La educación sentimental” o “Madame Bovary”, tiene un punto de vista más realista y preciso que Balzac o Zola. Pero también tenemos a escritores más recientes como Annie Ernaux o Georges Perec. Perec ve el mundo desde una perspectiva de sociólogo, pero convierte esta perspectiva en literatura. Ambos me han influenciado muchísimo, tanto como la novela negra estadounidense, o escritores realistas como John Steinbeck, Ernest Hemingway, Larry Brown. Pienso que la novela no tiene que recibir ninguna lección ni aceptar ningún programa impuesto, por eso no hablaría de la necesidad de ser realista, sino más bien de mi capacidad para ser realista.

Escritor francés Georges Perec.
Escritor francés Georges Perec.

América Latina sigue estando muy lejos de Europa y las noticias que nos llegan pueden generarnos sorpresa. Por ejemplo, el actual afloramiento de la ultraderecha. Me interesa como en tu libro, al inventar el escenario, lo describes como un tradicional bastión comunista convertido en feudo de la extrema derecha ¿Por qué ocurre esto?

Hay muchas respuestas para esta pregunta. La primera, sin embargo, tiene que ver con que la misma izquierda liberal demócrata es la que asfixió al partido comunista. Perdió completamente el interés por lo popular, estableció políticas económicas liberales y abandonó sus raíces ideológicas y políticas. Otra causa tiene que ver con que los arbitrajes de la socialdemocracia en Europa después de la guerra no fueron establecidos por un deseo filantrópico, sino para repartirse las riquezas y establecer una cierta armonía distributiva. Sin embargo, al final estas regiones alejadas fueron olvidadas. Esto ha ocasionado que las brechas sean cada vez más profundas en Europa. No tanto como en América Latina, pero ha ocurrido. Y ello ha traído consigo resentimiento y violencia social, condiciones que preparan un terreno fértil para la extrema derecha.

Pese a haber recibido millones de euros, la falta de voluntad política y de coordinación con agencias humanitarias dificultan que se brinden condiciones dignas a quienes dejaron todo huyendo de guerras o la pobreza. [Foto: AFP]
Pese a haber recibido millones de euros, la falta de voluntad política y de coordinación con agencias humanitarias dificultan que se brinden condiciones dignas a quienes dejaron todo huyendo de guerras o la pobreza. [Foto: AFP]

¿Cuánta responsabilidad de eso tiene el desmontaje de las industrias en estas regiones? ¿La ausencia de un movimiento obrero organizado permite el surgimiento de la ultraderecha?

El fin de las industrias y la muerte misma de la clase obrera, ha traído consigo el fin de la solidaridad, de una manera común de hacer política. Esto ha sido, obviamente, terreno fértil para el surgimiento de la extrema derecha. En las zonas periurbanas, también se han implantado diversos tipos de movimientos integristas, entre ellos el islamismo político. Me gusta mucho una frase de John Steinbeck, que explica por qué el socialismo no tuvo éxito en Estados Unidos: “cada pobre se considera, en realidad, un millonario que pasa por un momento difícil”. En Francia, sus clases populares están pensando más en ganar la lotería que en pensar en una revolución. Buscan una forma individual para mejorar su condición económica.

Francia venció 2-1 a Croacia en la semifinal del Mundial 1998 (Foto El Comercio)
Francia venció 2-1 a Croacia en la semifinal del Mundial 1998 (Foto El Comercio)

¿La última parte de tu novela cierra con el Mundial de Futbol de Francia en 1998. ¿Qué supuso tu país haber ganado esa copa?

Si yo escribo una novela política no es porque me identifique con la izquierda o con la derecha, sino porque me siento muy atraído por el movimiento de una sociedad. Sus diferencias, sus brechas, lo que separa a los diferentes grupos. La burguesía y las clases populares son categorías compartimentadas, no se mesclan. Te diría incluso que no se puede hablar de “los franceses” como algo definido. Más bien hay franceses, por allí o por allá, cada uno diferente al otro. Yo veo el mundo así. Pero a veces ocurren momentos en la historia muy fuertes, como fue el campeonato del 98. Al ganarlo, en ese momento el país fue uno solo, el sueño de la nación se convirtió en una realidad y las divisiones se ven atenuadas. En ese momentos nos permitimos creer que todos somos parte de un mismo grupo. En el libro, escribí sobre el partido contra Croacia, en el pase a semifinales, y la razón es porque fue un partido milagroso. A Francia le había marcado un gol. Y luego Lilian Thuram voltea el partido marcando dos goles. ¡Y él, que era defensa, nunca en su vida había marcado un gol! Sentí que eso era importantísimo, un sentimiento de unión nacional, algo que hubiera sido imposible, pero que solo el futbol puede producir. Ese partido me sirvió para que los protagonistas se vean a si mismos y descubran que no son tan diferentes como ellos creían.


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