Hedda (Gisela Ponce de León) es el objeto del deseo de Eli (César Ritter), Toby (Eduardo Camino) y George (Juan Carlos Pastor). (Foto: Aleesandro Currarino)
Hedda (Gisela Ponce de León) es el objeto del deseo de Eli (César Ritter), Toby (Eduardo Camino) y George (Juan Carlos Pastor). (Foto: Aleesandro Currarino)
Juan Diego Rodriguez Bazalar

Malcriada, egoísta y con un rostro de perpetuo fastidio. Más loca que una cabra, hedonista, y sobre todo malvada. Las opiniones sobre Hedda Gabler siempre han apuntado hacia la misma dirección: tildarla de ser una muchacha inescrupulosa que no teme hacer sufrir al resto con tal de aminorar su aburrimiento. Hay que temerle.

Hedda se ganó esa reputación a pulso. En varios pasajes de la obra de teatro que lleva su nombre y que fue escrita por el noruego Henrik Ibsen, el personaje muestra su rostro menos amistoso. Lo peor, sin embargo, es la ironía y la sorna con la que se maneja durante todo el día: le toma el pelo a su esposo, un académico que solo tiene ojos para sus investigaciones; juega con los sentimientos de su cuñada; saca ventaja de su belleza para seducir a los hombres aunque jamás se entrega a ninguno; y se convierte en una trampa mortal para quienes se acercan demasiado, jalándolos hacia la locura y enamorándolos del suicidio.

Ver “Hedda” –que se estrena en el Teatro Británico este sábado 28– y no juzgar a su protagonista es inevitable. “Y hacerlo no está mal –anota Vanessa Vizcarra, directora de la puesta en escena–. Creo, eso sí, que hay que ser empáticos y tratar de leer su contexto de la forma más amable posible”.

Vizcarra ha estudiado al personaje y la define como “intensa y fuerte, y que al ser criada por un padre con carácter muy masculino, muy impositivo, se volvió una mujer muy poderosa”. “¿Cómo entenderla? Probablemente ni Ibsen tenía idea: ella es una mujer muy joven y él era un hombre muy mayor cuando escribió la obra. En todo caso, creo que su personalidad no era bien recibida o entendida en su época porque no coincidía con lo que se pensaba de una mujer, y que ella no supo desarrollarse como persona, así como tampoco tuvo las oportunidades. Hay como un ideal en el que ella podría haber encajado, pero es que no se reconocía en él. Sería como tratar de introducir un círculo en un cuadrado”.

En efecto, tras la muerte de su padre, un eminente investigador, Hedda (Gisela Ponce de León) busca refugio en una versión menos noble de la figura paterna, y se termina casando con el pelele George Tesman (Juan Carlos Pastor). Ella es consciente de que fue una mala decisión, a tal punto que reniega del apellido del esposo. Quizás lo ame, quizás no. En realidad, ella no sabe ni lo que quiere, pero sí es consciente de qué es lo que no quiere y no está dispuesta a negociar. El único camino que le queda, entonces, es la muerte.

La estrella de Hollywood Ingrid Bergman dio vida Hedda en la cinta de 1963.
La estrella de Hollywood Ingrid Bergman dio vida Hedda en la cinta de 1963.

OTRAS MIRADAS
La veinteañera Hedda ha sido objeto de interés desde que se la viera por primera vez en el teatro en 1891. Considerado como el segundo personaje más trascendental en el teatro de Henrik Ibsen –padre de la dramaturgia moderna–, tan solo después de Nora de “Casa de muñecas”, “Hedda Gabler” –título original de la obra– no ha dejado de causar polémica por mostrar a una protagonista tan arisca y cínica, y por lo tanto, difícil de leer.

Parece haber consenso en que una de las aproximaciones más destacables le pertenece a la escritora rusa Lou Andreas-Salomé, quien le dedicó un ensayo a este personaje (dentro del libro “Henrik Ibsen Frau-Gestalten” de 1892) y la equiparó con un lobo feroz que viste piel de cordero y que, aunque ha perdido sus ganas de depredar, aún conserva su alma carnívora. La autora destaca que Hedda no parece buscar su libertad, sino que “se controla perfectamente y, de principio a fin, no es sino una superficie perfecta, una apariencia engañosa y una máscara siempre ajustada”. “Precisamente por esta razón, esa música de la superficialidad, esa satisfacción del mero parecer, que en otros personajes de Ibsen nos emocionaba y complacía, adquiere aquí un carácter muy inquietante”.

Pero el gran problema que padece Hedda parece ser no tener razón para estar viva ni estar allí, en una casa hecha a medias, con un supuesto embarazo que parece no ir a ningún lado y rodeada de gente muy acartonada. Quienes se encargaron de quitarle el goce de la vida fueron, justamente, quienes la rodean; y respondieron con un rotundo no cada vez que ella se ofreció para ayudar en alguna tarea, y la sentenciaron a aburrirse en el sofá y a revisar constantemente las pistolas que le legó su padre. Solo así se podría entender que, para su diversión, ella juegue a imaginar lo bello que puede ser perder la vida.

Más información
Lugar: Teatro Británico. Dirección: Jr. Bellavista 527, Miraflores. Estreno: sábado 28, 8 p.m. Horario: de jueves a lunes, 8 p.m. Entradas: en Teleticket.