
Buenos días.
Piero Corvetto no asume sus responsabilidades. Sea cual sea el resultado final de la primera vuelta, las elecciones han quedado empañadas por un hecho al que el jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ha calificado como un “un error puntual”. Más de 55 mil ciudadanos no pudieron sufragar el 12 de abril porque nunca llegó el material electoral a sus mesas de votación en 13 locales de San Juan de Miraflores, Lurín y Pachacamac.
Inicialmente el titular de la ONPE intentó minimizar la situación diciendo que los iba a exonerar del pago de la multa. Luego, el Jurado Nacional de Elecciones prácticamente lo obligó a reprogramar los comicios en esas mesas para el lunes 13, día laborable. Pero el daño ya está hecho. Al momento de escribir estas líneas, no sabemos el porcentaje de personas que efectivamente acudieron a votar ese día.
Ante la Comisión de Fiscalización del Congreso, Corvetto trasladó la culpa a sus subalternos, en este caso la Gerencia de Gestión Electoral y la Subgerencia de Producción Electoral.
Corvetto no debería seguir en el cargo. Él es el responsable directo de la organización de las elecciones y falló. La ineptitud mostrada durante el desarrollo de la primera vuelta generará dudas que lo acompañarán a lo largo de la segunda vuelta. No se puede fallar de una manera tan estrepitosa y seguir como si nada en el puesto. Su permanencia arrastrará a la institución a una crisis de desprestigio y seguirá alimentando el clima de sospecha. Lo más saludable para nuestra democracia es que dé un paso al costado de inmediato. Y que no se aferre al legalismo de que no puede renunciar.
Hasta la próxima semana.









