
Buenos días
El Perú es la república de los presidentes efímeros. Hoy en la tarde sabremos quién será nuestro nuevo mandatario. El noveno en 10 años. Cuatro congresistas compiten por el cargo: María del Carmen Alva, José Balcázar, Héctor Acuña y Edgard Reymundo. Uno de ellos será el elegido para dirigir los destinos de nuestro país hasta julio del 2026. O hasta que se presente una nueva crisis.
Hace 10 años, en febrero del 2016, Ollanta Humala encabezaba la última etapa de su gestión. La última que duró el período completo de cinco años. Lo siguieron: Pedro Pablo Kuczynski, Martín Vizcarra, Manuel Merino, Francisco Sagasti, Pedro Castillo, Dina Boluarte y el defenestrado José Jerí.
El récord de inestabilidad que hemos batido es un motivo de vergüenza. La comunidad internacional debe vernos como una democracia precaria, un caso de estudio o una rareza tercermundista que cambia de presidente con la misma frecuencia que un equipo de fútbol condenado a la baja destituye a su técnico.
Es cierto que Jerí hizo todos los deméritos para ser destituido de un cargo que nunca debió ocupar. Reuniones no oficiales disfrazado de pirañón con personajes de dudosos antecedentes y contrataciones cuestionadas luego de reuniones en horas no adecuadas en Palacio aceleraron su caída. La ciudadanía exigía resultados en seguridad ciudadana y el presidente solo ofrecía espectáculos en los penales, con patada de karateca incluida, y momentos virales que pronto aburrieron.
Pero el Congreso también tiene su gran cuota de responsabilidad en esta crisis. En su afán por deshacerse de la carga pesada en la que se había convertido el mandatario que colocaron en el poder, optaron por el mecanismo más fácil para precipitar su salida: la censura. Pasaron por alto opiniones de constitucionalistas que señalaban que la vía adecuada era la vacancia y han sentado un peligroso antecedente que puede ser replicado más rápido de lo que imaginamos.
El presidente (o presidenta) que sea elegido esta tarde tendrá que hilar fino y andar con cuidado. El Congreso lo tendrá constantemente en vilo con la amenaza de la censura. La valla de la destitución ha sido reducida y eso hace presagiar una presidencia débil y mangoneable que quedará expuesta a los caprichos del Legislativo.
Hasta la próxima semana.









