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Mujeres sin fines de lucro, por Lorena Álvarez

“El dinero es poderoso, te permite tomar decisiones sobre tu vida. No compra la felicidad pero paga las cuentas”.

Lorena Álvarez Periodista

Pinillos

“Así como debemos trabajar en redistribuir los quehaceres en casa, toca distribuir las cuentas”. (Ilustración: Rolando Pinillos)

Poderoso caballero es don dinero. No es dama, no es doña. El dinero es masculino. Es de ellos y es sinónimo de poder.

El machismo ha escrito un relato de terror: la mujer que sacrifica sus aspiraciones profesionales es más virtuosa que aquella que combina casa y trabajo. Además sataniza a la trabajadora diciendo que desprecia al ama de casa. Mujeres vs. mujeres. El debate es otro. ¿Tener empleo, ganar dinero, te hace menos digno, éticamente inferior, mala madre o esposa mediocre?

Las mujeres no somos ONG, mejores seres humanos si no tenemos fines de lucro. La independencia económica es inherente a la aspiración de equidad. ¿Cómo podemos ser verdaderamente libres si hasta para comprar nuestras toallas higiénicas (ahora que hablamos de la menstruación) tenemos que recurrir a un hombre? El discurso machista enarbola el desprendimiento de aquellas que no tienen ingresos en contraste con las egoístas que prefieren niñeras o guarderías para sus hijos con tal de hacer dinero. Por mi culpa, por mi gran culpa.

Ese cuento es una gran estrategia de márketing para mantener el statu quo, retener el control pero sintiéndonos bien porque lo que hacemos es en beneficio de un bien supremo.

El investigador Hugo Ñopo tuiteaba: “En los hogares peruanos las mujeres están a cargo del 80% del trabajo doméstico no remunerado y no delegable (aquel que no puede hacer una trabajadora del hogar)”. Es decir, con o sin dinero propio, nosotras seguimos haciéndolo casi todo. Dejemos de romantizar que las mujeres no tengan ingresos.

En el 2017, el Observatorio de la Violencia contra las Mujeres y los Integrantes del Grupo Familiar registró unas 7 mil denuncias solo por violencia económica. Esta forma de maltrato invisibilizado es transversal a todos los estratos socioeconómicos.

Si tu cónyuge te mantiene, ¿qué posibilidad real tienes de mudarte ante el maltrato? ¿Quién pagará las cuentas del nuevo hogar? ¿Cómo pagarás la renta? ¿Qué banco te dará un crédito hipotecario? ¿Con qué dinero pagarás el abogado? La amenaza frecuente a las madres maltratadas es: “Vete pero tus hijos se quedan. Te los voy a quitar”. Un círculo vicioso y violento infinito.

Cuando pides pensión de alimentos, los jueces en el Perú suelen asignar montos mínimos, no te alcanza. “Tú elegiste irte. Busca otro que te mantenga”. La historia recurrente de las mujeres agredidas física, psicológica y sexualmente por sus ex parejas ocurre cuando van a exigir la manutención.

Las mujeres ganamos menos. Por un lado, los empleadores penalizan la maternidad pero también es cierto que las mujeres negociamos menos. Un estudio del 2018 en Argentina evidenció que en cada 4 de 5 ofertas laborales las mujeres pedían salarios inferiores a los hombres.

Tras el despido de Kevin Spacey por denuncias de acoso sexual, los productores de la película “Todo el dinero del mundo” decidieron rehacer sus escenas. Eso involucraba a dos actores. Mark Wahlberg recibió como pago adicional 1,5 millones de dólares y Michelle Williams 1.000 dólares. La brecha salarial de 1.500% fue un escándalo en Hollywood. El actor acabó donando su dinero al movimiento “Time’s Up” que combate prácticas indebidas en la industria.

Pasada la indignación, se supo el porqué de la brecha. Cuando la productora negoció con cada uno, ella creyó que no debía pedir dinero porque era correcto el despido de Spacey y volver al set era un “daño colateral”. Él decidió que si no le pagaban, no filmaba. Wahlberg valoró en 1,5 millones su trabajo durante dos semanas más, mientras que Williams lo vio como caridad. ¿Por qué las mujeres somos más permeables a trabajar gratis? ¿Tememos quedar como malas por hablar de plata?

Liberémonos de la culpa. El trabajo se paga y está en nosotras exigirlo. Si no lo hacemos, los cálculos del Foro Económico Mundial que afirman que necesitaremos 202 años para lograr equidad salarial y 108 para cerrar la brecha de género resultarán aterradoramente certeros. Hay que darles la contra. Rebelémonos.

El dinero es poderoso, te permite tomar decisiones sobre tu vida. No compra la felicidad pero paga las cuentas, te empodera. La independencia económica es saludable. Así como debemos trabajar en redistribuir los quehaceres en casa, toca distribuir las cuentas. El equilibrio es el desafío. El dinero también necesita un enfoque de género.

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