El 8 de julio estuvo en el Cusco el subsecretario de Guerra para Asuntos de Política de Estados Unidos, Elbridge Colby, en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. El tema de su discurso fue la Estrategia de Defensa Nacional del 2026 para el Hemisferio Occidental, que, “bajo el liderazgo visionario del presidente Trump”, está haciendo que su país se guíe “por un realismo flexible” que prioriza sus “intereses nacionales más vitales” (según la web del Centro de Estudios de Defensa Hemisférica William J. Perry).
El 8 de julio estuvo en el Cusco el subsecretario de Guerra para Asuntos de Política de Estados Unidos, Elbridge Colby, en la XVII Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas. El tema de su discurso fue la Estrategia de Defensa Nacional del 2026 para el Hemisferio Occidental, que, “bajo el liderazgo visionario del presidente Trump”, está haciendo que su país se guíe “por un realismo flexible” que prioriza sus “intereses nacionales más vitales” (según la web del Centro de Estudios de Defensa Hemisférica William J. Perry).
El subsecretario sostuvo que las muertes por el consumo de drogas –“que provienen del sur”– y “la delincuencia asociada a ese tráfico nocivo” se equiparan a las sufridas en “las guerras más costosas de EE.UU.”. Ese es su diagnóstico: sus problemas relacionados con el narcotráfico proceden de los países latinoamericanos. Omite considerar que, si su gobierno no reduce el enorme mercado interno de consumo –no solo de cocaína, también de fentanilo y otras drogas–, no será posible derrotar el narcotráfico.
El corolario del diagnóstico preocupa. En su afán de “garantizar la seguridad del territorio estadounidense y, por ende, la seguridad y prosperidad de los estadounidenses comunes”, anunció que “no trataremos con guante blanco al ISIS, al Al Qaeda de este Hemisferio [...] en lugar de hacerlo con la contundencia que la amenaza exige, por el simple hecho de que se encuentren en el hemisferio occidental y no en el oriental”.
Además, como parte de la nueva estrategia, el vocero de la administración Trump invita a ordenar las prioridades: “No hay razón por la que país alguno, en particular aquellos que enfrentan amenazas narcoterroristas significativas, deba gastar tan poco en defensa”. La compra peruana de F-16 le sirve para invitar a otros países a “alinearse con la industria de defensa estadounidense”.
Hace tres años, Todd Robinson, de la Oficina de Asuntos Internacionales de Narcóticos de EE.UU., partidario del modelo de responsabilidad compartida, aseguraba que su país se encontraba “cambiando el enfoque con el que aborda el tráfico de drogas: de ser percibido como una guerra a convertirse en un asunto de salud pública” (“El País”, 4/4/2023). Era un avance, porque obviar la demanda es una incoherencia. Ahora el retroceso viene con un desplante de fuerza: “Los recursos de defensa nacional [...] formarán, sin duda, parte de la respuesta a estas amenazas letales contra los estadounidenses”. Esto, por más que deseen, dicen, “trabajar activamente con socios en toda la región”.