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Prometiendo el cielo
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La historia se ha repetido incontables veces en la política peruana: candidatos que en campaña prometen millones de soles en obras públicas (en forma de puentes, carreteras, hospitales, cárceles, colegios y hasta universidades) para una vez en el cargo excusarse en que no hay dinero para materializar sus promesas. Y esta campaña no parece que vaya a ser la excepción. El inicio de la temporada electoral ha traído de vuelta, en efecto, un racimo de propuestas que apuntan a utilizar los recursos del Estado para levantar numerosas obras de infraestructura en poco tiempo, con el ‘pequeño’ inconveniente de que la situación fiscal del país ya no es lo que era una década atrás.
Sin embargo, para varios de los 36 aspirantes presidenciales, esto no parece suponer un problema: la lluvia de promesas millonarias continúa como si el presupuesto del que dispone nuestro país fuese infinito. Un análisis realizado por Videnza Instituto de los planes de gobierno de los 15 candidatos que mantienen una posición expectante en las encuestas, en efecto, revela que la gran mayoría propone medidas que, para concretarse, requerirían un aumento de más del 10% del presupuesto del 2026. Los casos más graves son los de Renovación Popular, Frente de la Esperanza, Perú Libre y Perú Primero, que sobrepasan incluso el 20% con anuncios como la construcción de un ferrocarril Tumbes-Tacna, el levantamiento de 380 mil viviendas o la instalación de riego tecnificado en un millón de hectáreas. Anuncios que pueden sonar muy bonitos, ciertamente, pero que no se condicen con la necesidad de recuperar la disciplina fiscal que fue parte importante del éxito económico de nuestro país en las últimas décadas.
Es preciso señalar que no estamos diciendo aquí que elaborar propuestas para tratar de atender las necesidades de millones de peruanos está mal; lo criticable es hacerlo sin tomar en cuenta la situación fiscal del país, pues ello equivale a prometerles a los votantes obras que probablemente no se terminen ejecutando. Conviene, por ello, que los candidatos no solo nos digan cuáles son sus propuestas, sino cómo planean financiarlas, y que transparenten sus respectivos equipos técnicos para conocer si hay personas responsables y expertas detrás de sus planes de gobierno o si estamos ante simples vendedores de sueños.
Finalmente, los ciudadanos no podemos dormirnos. No basta solo con escuchar las promesas de los postulantes, sino que hay que ver lo que dicen los expertos sobre si estas son realmente viables o si solo están allí para capturar nuestra atención (y nuestro voto).

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