PerúLa agonía del Perú posfujimori
“Toda una generación de liderazgos y actores políticos está siendo reemplazada, el populismo económico tiene ahora más espacio que antes”.

Profesor principal en la PUCP e investigador en el IEP
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

La próxima semana Keiko Fujimori prestará juramento y asumirá la presidencia. Con este acto terminará un ciclo político de más de 25 años.
La próxima semana Keiko Fujimori prestará juramento y asumirá la presidencia. Con este acto terminará un ciclo político de más de 25 años.
En noviembre de 2000, Alberto Fujimori renunció a la presidencia desde Tokio, después de las fraudulentas elecciones de abril y junio, de los “vladivideos” y del anuncio de la convocatoria a nuevas elecciones generales. Con la presidencia transitoria de Paniagua terminaron los años de lo que ahora podríamos llamar “primer fujimorismo”, marcado por los dos gobiernos de Alberto Fujimori, que cubrieron toda la década de los años noventa. A finales de 2000 inició un periodo signado por varios desafíos políticos, aunque no formulados de manera explícita: el Perú “posfujimori”. Uno, la necesidad de reconstruir institucionalmente al país. El primer fujimorismo terminó en medio de gravísimos casos de corrupción, donde esta, además, se utilizó para asegurar desde el Ejecutivo el control del Congreso, de los organismos autónomos, del sistema de justicia y de los medios de comunicación. Por lo tanto, un punto central de la agenda era asegurar la independencia y la autonomía de las diversas instituciones, y la promoción de la transparencia y de la rendición de cuentas. Un segundo desafío giraba alrededor de la economía: si algo había que rescatar de la década de los 90 era el modelo económico, que había permitido recuperar una dinámica de crecimiento. Al mismo tiempo, había que atender la dimensión social, que todavía tenía tasas de pobreza superiores al 50%. Un tercer desafío era el futuro del propio fujimorismo: aunque ciertamente autoritario, contaba con un importante respaldo político y electoral. ¿Podría el fujimorismo reconvertirse en un actor democrático? ¿Cuáles serían las figuras que liderarían sus siguientes pasos? La respuesta fue la consolidación del liderazgo de Keiko Fujimori, que aparecía como “guardiana” del legado del primer fujimorismo, aunque con énfasis selectivos y cambiantes a lo largo del tiempo.
Podría decirse que desde 2001 se gestó cierto consenso, aunque nunca explícito, alrededor de la importancia de la reforma de las instituciones políticas y de discutir los temas de inclusión social junto a los del crecimiento económico; también había cierta distancia crítica con el fujimorismo. De este consenso formaban parte Toledo, pero también Alan García y Lourdes Flores, Fernando Belaunde, Luis Bedoya y Vargas Llosa. Ese consenso tuvo la fuerza suficiente para conducir a García y a Humala por caminos cercanos a la ortodoxia económica, e hizo que Humala, PPK e incluso Pedro Castillo pudieran ganar las elecciones levantando la bandera del antifujimorismo.
Este orden político empezó a resquebrajarse en 2016, con la mayoría absoluta de Fuerza Popular en el Congreso, que llevó a la renuncia de PPK; tuvo una nueva oportunidad para recomponerse con Vizcarra, luego una nueva crisis con Manuel Merino, y una nueva oportunidad con Sagasti y hasta con Castillo. Pero con Boluarte, Jerí y Balcázar, y con la elección de Keiko Fujimori, ciertamente estamos iniciando una nueva etapa, con contornos todavía poco claros. Toda una generación de liderazgos y actores políticos está siendo reemplazada, el populismo económico tiene ahora más espacio que antes, la agenda del fortalecimiento institucional está en veremos, así como es incierta la propia identidad de este “segundo fujimorismo”.







