Las varias perspectivas desde las cuales se puede interpretar el ataque militar de Estados Unidos e Israel contra Irán tienen, sin duda, como factor matriz implícito la disputa por la hegemonía global entre Estados Unidos y China. Más allá de esto, una primera perspectiva imposible de soslayar es la que proponen los directamente involucrados en la decisión: el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu.
¿Qué aducen? Su doble propósito, afirman, es destruir el armamento nuclear y de misiles iraní, y dar paso un cambio de régimen. No obstante, como señala Andrea Rizzi, columnista de “El País”, existe “un tercer plano inconfesado al menos tan relevante como los dos anteriores: el interés político personal de los dos líderes del ataque, Donald Trump y Netanyahu. Ambos con graves dificultades internas, ambos con importantes elecciones este año” (28/2/26).
Para Richard N. Haass, diplomático, expresidente del Consejo de Relaciones Exteriores de EE.UU. –autor de “War of Necessity, War of Choice” (“Guerra de necesidad, guerra de elección”, 2009), sobre los conflictos con Iraq de 1991 y 2003–, “[…] ante todo, esta es una guerra por elección. Estados Unidos tenía otras opciones de política disponibles. La diplomacia parecía tener posibilidades de impedir que Irán desarrollara armas nucleares. Una mayor presión económica tenía el potencial, con el tiempo, de precipitar un cambio de régimen” (blog Home & Away, 28/2/2026).
En un apunte que recuerda las reflexiones de Hanna Arendt sobre la relación entre poder y violencia, Haass añade un cuestionamiento básico a la perspectiva de Trump y Netanyahu: “[…] la administración Trump ha elegido un objetivo –el cambio de régimen– que es político más que militar. La fuerza militar puede destruir y matar, pero por sí sola no puede generar un cambio de régimen. Para esto se necesita una alternativa viable y las condiciones necesarias. Es cierto que es posible que el ataque desencadene deserciones en el liderazgo político y en las Fuerzas Armadas de Irán, pero no se puede contar con ello”.
Haass pone sobre el tapete un problema central ya vivido en Iraq, Libia, Venezuela y otros países ocupados o golpeados militarmente. La fuerza militar “puede destruir y matar”, pero la construcción de una alternativa al régimen actual es obra de una alternativa, de una fuerza y de una acción principalmente política.
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