"Es decir, haciendo sumas y restas, probablemente ingresen al Parlamento menos de la mitad de los partidos inscritos, pero la votación se distribuirá sin grandes diferencias [...]. Habrá, probablemente, mayor fragmentación en el Congreso". (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
"Es decir, haciendo sumas y restas, probablemente ingresen al Parlamento menos de la mitad de los partidos inscritos, pero la votación se distribuirá sin grandes diferencias [...]. Habrá, probablemente, mayor fragmentación en el Congreso". (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa)
Fernando Tuesta Soldevilla

Profesor de Ciencia Política de la PUCP

Se puede afirmar que difícilmente se puede tener un Parlamento peor que el recientemente disuelto, pues, salvo contadas excepciones, un alto porcentaje de los congresistas se ganaron a pulso el rechazo ciudadano. Pero también es cierto que, desde por lo menos la década del noventa, esta es una tendencia que se repite. Es decir, parece que, en términos de la representación, siempre es posible tener algo peor.

Pero, al contrario de lo que muchos creen, un elemento que atenta contra la buena calidad de la representación es la no reelección de congresistas. Esto tendrá un impacto negativo, pues los buenos congresistas –pocos, pero los hubo– no podrán acceder a un escaño. Podrán ingresar, eso sí, algunos excongresistas de parlamentos anteriores, pero probablemente algunos, sobre todo los que forman parte de con opción de ganar escaños, quizá esperen al 2021 para candidatear. Eso puede dejar espacio libre para nuevos aspirantes, lo que supondrá una falta de experiencia, que se podrá ganar, pero para eso se requiere algo más de los pocos meses que tendrá de vida el nuevo . Sin embargo, siempre es una oportunidad. Ya hemos visto congresistas jóvenes que han sabido marcar la diferencia.

Desde el lado de los partidos, 24 con inscripción, se puede tener hasta tres grupos definidos. Los que tuvieron bancada –Fuerza Popular, Apra, AP, APP, Frente Amplio y Contigo (antes PPK)– son los que más han perdido, incluido el financiamiento público directo (cerca de 15 millones de soles al año entre todos) y es el grupo que probablemente aparezca reprobado por el electorado. Pero tienen a su favor, salvo el último de los nombrados, un aparato organizativo que funciona medianamente. Además, para una campaña corta, la recordación del nombre y símbolo es fundamental para generar votos.

Un segundo grupo formado por el PPC, Somos Perú, Solidaridad Nacional y Perú Firme (antes Restauración Nacional) ha tenido anteriormente representación parlamentaria o tiene alcaldes y gobernadores. A ellos se les pueden sumar el Partido Morado, que ha logrado montar una organización nacional, y Podemos Perú, que cuenta con recursos de José Luna, antes importante financista de Solidaridad Nacional. Al igual que con el primer grupo, el nombre y el símbolo es un punto de apoyo. El tercer grupo, que suman casi la mitad de los partidos inscritos, son organizaciones muy precarias, pero tienen lo que muchos buscan, la inscripción legal. Se repetirá la dinámica cada vez más frecuente: candidatos en la búsqueda de partidos y partidos en la búsqueda de candidatos. Esa relación de necesidad hace de las organizaciones simples vehículos electorales.

Sin embargo, estas serán excepcionales por varias razones. Porque serán tan solo parlamentarias y no simultáneas, sobre todo, con las presidenciales. Por lo tanto, no existirá la figura del líder o carismático candidato presidencial que desarrolle un “voto de arrastre” de su lista parlamentaria. Aquí pierden, sobre todo, Fuerza Popular, el Apra y Contigo, que tenían en la última elección la “locomotora” que impulsaba los votos parlamentarios. En este contexto, partidos con organización, recursos o una “marca” con cierta reputación pueden sacar ventaja como APP, AP, Podemos Perú o el Partido Morado.

Finalmente, para acceder al Congreso existen requisitos que no todos pueden cumplir. Esto permitirá que ingresen al Parlamento los partidos más consolidados y se queden en el camino aquellos que no cumplen los requisitos, pero, además, perderán la inscripción, evitando así que esté latiendo la posibilidad de generar vientres de alquiler, mercantilizando aún más la política peruana. Es decir, haciendo sumas y restas, probablemente ingresen al Parlamento menos de la mitad de los partidos inscritos, pero la votación se distribuirá sin grandes diferencias (como ocurrió en el 2016 entre Fuerza Popular y el resto). Habrá, probablemente, mayor fragmentación en el Congreso.

En consecuencia, nada hace pensar que la mayoría de los partidos vapuleados en el Parlamento disuelto no logrará representación ni que estos escojan mejores candidatos que en el 2016. Pero, de la misma manera, está en manos de los electores cambiar las cosas o seguir lamentándose como hasta ahora.