La iniciativa planteada recientemente por los principales gremios empresariales reunidos en Piura merece ser tomada con seriedad: no solo porque el riesgo climático es real, sino porque el tiempo disponible para prevenir sus efectos es cada vez menor.
La iniciativa planteada recientemente por los principales gremios empresariales reunidos en Piura merece ser tomada con seriedad: no solo porque el riesgo climático es real, sino porque el tiempo disponible para prevenir sus efectos es cada vez menor.
No estamos frente a un problema que pueda resolverse “cuando lleguen las lluvias”. La prevención tiene que ocurrir antes. Y eso nos obliga a preguntarnos si estamos aprovechando todas las capacidades disponibles en el país.
No se trata de reemplazar al Estado ni de trasladar al empresariado una responsabilidad pública. El Estado debe conducir, priorizar, fiscalizar y garantizar que las intervenciones respondan al interés público. Pero los gremios y empresas privadas poseen capacidades que pueden ser decisivas cuando el tiempo apremia: maquinaria, ingeniería, logística, tecnología, gestión de proyectos, cadenas de abastecimiento y capacidad de movilizar recursos. Hay trabajos que pueden marcar la diferencia en pocos meses: descolmatación de ríos y canales, limpieza de cauces, reforzamiento de defensas ribereñas, protección de puntos críticos, drenajes, mantenimiento de infraestructura y recuperación de vías de acceso. Y hay una diferencia fundamental entre reaccionar y prevenir. La donación empresarial es valiosa cuando ocurre una emergencia. La prevención puede evitar que esa emergencia sea mucho más grave.
El Perú ya conoce el costo de actuar tarde. Cuando llega el agua, ya no hay tiempo para diseñar una obra, superar una traba administrativa o conseguir maquinaria. En ese momento solo queda responder y reaccionar con lo que se preparó previamente. Por eso, la discusión debe ser concreta: ¿qué podemos hacer en los próximos meses y quién puede hacerlo mejor y más rápido?
Gobierno, empresas, gremios, gobiernos regionales y locales deben trabajar coordinadamente, con reglas claras, transparencia y fiscalización.
Por ello, la iniciativa de los gremios empresariales debería entenderse como una invitación a construir esa alianza. El sector privado no puede sustituir al Estado, pero el Estado tampoco debería renunciar a las capacidades que el país necesita urgentemente.
El desafío no es solo enfrentar El Niño. Es demostrar que el Perú puede aprender a prevenir juntos. Porque cuando quedan pocos meses, cada día perdido tiene un costo. Y cuando está en juego la seguridad de millones de peruanos, aprovechar todas las capacidades disponibles no es una concesión a nadie: es una obligación nacional.