La frase en el título fue dicha por uno de los abogados defensores de Adrián Villar Chirinos sobre el pedido de prisión preventiva y la estrategia que iban a seguir durante el proceso. Esta redundancia refleja claramente nuestro sistema judicial. Podría ser su lema.
Nuestra justicia termina siendo un continuo e incesante “seguir hacia adelante”, seguir un camino aunque no se llegue a ningún lugar ni a resultados apropiados u oportunos.
El caso del muchacho Adrián Villar Chirinos muestra una culpa flagrante y evidente: una ciudadana, la campeona nacional de apnea Lizeth Marzano Noguera, murió hace más de tres semanas por la negligencia de otro ciudadano. Con ello, la cuestión del encubrimiento, de los videos de las conversaciones en el parque con sus familiares y los familiares de su pareja y otros asuntos son secundarios en comparación con el meollo: lograr justicia retributiva para la familia Marzano Noguera.
Todo lo demás es alimentar el chisme, lo accesorio y la banalidad; el morbo, el chisme farandulero y la futilidad. Lo anterior lleva a confundir prioridades y perder el enfoque de lo que debería ser sumamente urgente hoy: una sociedad en la que prime la norma y la justicia.
Cuántas personas me han dicho en los últimos días que se sienten mal porque una ‘influencer’ se ha quedado sin seguidores o una periodista sin trabajo. Sin embargo, quedarse sin vida es el asunto importante.
Y es que que la brújula moral desaparece y en su lugar lo secundario cobra una vida inaudita en nuestra civilización del espectáculo. Y los abogados saben esto y prolongan los casos hasta el cansancio o la impunidad. Lo sustancial da paso a lo banal.
La muerte como tragedia central es desplazada por un regodeo en ser testigos de cómo se mueven las influencias y coimas, embelesados por los intentos fallidos de salir inmune, a pesar de una responsabilidad clarísima.
Por ende, no nos debe extrañar que casi el 50% de nuestros candidatos para las próximas elecciones de abril tienen casos pendientes o están sentenciados por la justicia. Sin embargo, a diferencia del caso de Adrián Villar Chirinos, la justicia no los castiga y en su lugar los premia permitiéndoles que postulen a un cargo público en los próximos comicios.
Y esto es así por “seguir continuando” con el sistema pestilente que beneficia a tantos, pero que termina siendo injusto para la mayoría de los peruanos.
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