Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Fotoilustración: El Comercio
Un cierto movimiento de placas tectónicas es detectable en estos días bajo la Plaza Bolívar. Un movimiento subterráneo que produce fracturas en las bancadas congresales y dicta el inicio de los cambalaches del transfuguismo. No es un fenómeno nuevo, por supuesto. Durante los últimos 30 años, hemos visto a parlamentarios que, sin haber terminado de instalarse en su curul, se lanzan a practicar el más popular de los deportes nacionales: correr de una bancada a otra. Son, a su manera, una variante de los “Perú Runners”...
Un cierto movimiento de placas tectónicas es detectable en estos días bajo la Plaza Bolívar. Un movimiento subterráneo que produce fracturas en las bancadas congresales y dicta el inicio de los cambalaches del transfuguismo. No es un fenómeno nuevo, por supuesto. Durante los últimos 30 años, hemos visto a parlamentarios que, sin haber terminado de instalarse en su curul, se lanzan a practicar el más popular de los deportes nacionales: correr de una bancada a otra. Son, a su manera, una variante de los “Perú Runners”...
Fotoilustración: El Comercio
Esta vez, todo empezó con el diputado Marlon Aguirre de Juntos por el Perú, que, disconforme con la repartición de las presidencias de comisiones dispuesta por su agrupación, coqueteó en voz alta con la idea de pasarse a Fuerza Popular. Días después, retiró su firma de la moción para interpelar al ministro Astudillo y votó a favor de concederle algunas facultades al Ejecutivo; en ambos casos, contra la posición de su bancada. Luego vendría el jaleo asociado a la votación de los senadores del Partido del Buen Gobierno Jorge Gavidia y Juver Flores sobre esa misma materia. La amenaza de sanciones varias por no haber respetado la instrucción oficial de abstenerse acabó con la renuncia del primero de ellos a la organización política y quizás acarree la del segundo. Como se sabe, algo parecido podría estar por ocurrir con la senadora Juana Ticona de Obras. Y por último, la reciente renuncia de los diputados César Holguín e Indira Huilca a la vocería de Ahora Nación en la Cámara Baja ha agudizado una sospecha que muchos abrigábamos desde hace tiempo: la de que a los dos les falta solo un hervor para pasarse a Juntos por el Perú. La temporada de los saltos sin gracia ha comenzado en el Parlamento y la historia enseña que no habrá quién la detenga.
—Disfraz y golosina—
El fenómeno, como mencionábamos, no es nuevo. Pero que estemos habituados a él no quiere decir que sea positivo. Desertar de las filas del partido que le permitió a uno postular al cargo que ostenta no es honesto con los votantes y mella la ya escasa confianza que la ciudadanía concede a los parlamentarios. Hay que admitir, sin embargo, que parte de la culpa radica también en los líderes de algunas organizaciones políticas, siempre dispuestos a ignorar que los congresistas no están sujetos a mandato imperativo y a impulsar purgas de atenuada nostalgia estalinista.
Por eso, desde esta pequeña columna y en coincidencia con la fecha embrujada que hoy celebramos, queremos sugerir una solución a este problema, extraída del universo mágico de Harry Potter. A saber, incorporar un sombrero seleccionador al proceso de inscripción de los candidatos al Legislativo. Tal sombrero, como se recuerda, era colocado sobre la cabeza de los estudiantes que llegaban por primera vez a Hogwarts y, hurgando entre sus pensamientos, decretaba a qué ‘casa’ le correspondía ir a cada uno (Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff o Slytherin). En este caso, el sombrero escudriñaría también los pliegues secretos de la mente de los aspirantes a alcanzar un escaño y emitiría su sentencia. “Hmmm, tiene afanes de ‘mochasueldos’ y le gusta viajar gratis... el caballero debe postular por el partido X”, podría decir. O también: “A ver, a ver, noto en la damita un recóndito desdén por la democracia burguesa y un ánimo indulgente hacia el petardismo... que vaya por el partido J”. Sabríamos así, a la hora de votar, exactamente por quién lo estamos haciendo y todos en paz. No como ahora, que, Halloween o no, los candidatos vienen disfrazados a pedir nuestra golosina electoral y luego, con la máscara ya retirada, la devoran despacio y relamiéndose en silencio.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.