La semana pasada, se presentó el libro “Ser viejo” (PUCP, 2025), editado por Luis Pásara, una recopilación de veintitantas reflexiones sobre el envejecimiento elaboradas por adultos mayores de reconocida trayectoria en el mundo académico, profesional y artístico.
Envejecer es un proceso personalísimo porque sus manifestaciones específicas dependen de muchas variables individuales (estado de salud, situación económica, estado de las relaciones personales e íntimas, las redes de amistad y familia, entre otros aspectos).
Al mismo tiempo, sin embargo, el envejecimiento también es un fenómeno generacional: nunca en la historia ha existido una cohorte tan grande que llegue a la adultez mayor al mismo tiempo. Entonces, envejecer es un fenómeno al mismo tiempo personal y social.
Una de las ideas más interesantes planteadas en la presentación del libro es que en la vejez, a pesar de ser un fenómeno inevitable, muchas de sus consecuencias normalmente nos llegan desde afuera. “La vejez está en la mirada del otro”: en la mirada condescendiente en el supermercado, en ese comentario malintencionado en la calle, en la falta de paciencia de las generaciones jóvenes ante la lentitud de los viejos.
Como bien dijo uno de los autores, no se puede evitar el envejecimiento biológico, pero sí cambiar el contexto social de ser viejo y las discriminaciones que surgen a partir de ello.
Lo que es necesario mejorar, en primer lugar, es la situación económica de los viejos. En el Perú, los sistemas de previsión social, el acceso a la salud pública y la vivienda social son una vergüenza.
En segundo lugar, hacer de los espacios públicos lugares de acogida y protección de los adultos mayores.
En tercer lugar, capacitar a los adultos mayores sobre los adelantos tecnológicos, incluyendo la inteligencia artificial. Cuarto, mejorar el acceso a salud de calidad para que los viejos puedan desarrollarse. No basta los eufemismos políticamente correctos (adulto mayor, tercera edad) cuando al mismo tiempo se nos trata como “viejos de...”.
Por eso, querido lector, no confundir la vejez biológica con los códigos de comportamiento que son impuestos a las personas mayores. Es muy difícil sublevarse contra la biología, pero sí es posible enfrentarse a las imposiciones sociales injustas y discriminatorias. Y, en esto último, podemos dirigir los tiempos y sabiduría acumulados, por nosotros, los viejos.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.