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Editorial: A nosotros ni nos miren

Fuerza Popular advierte que la ‘reconciliación’ no será con ellos.

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El Comité Ejecutivo Nacional de Fuerza Popular se pronunció el último jueves sobre el indulto humanitario otorgado por el presidente Kuczynski al ex mandatario Alberto Fujimori. (Foto: Archivo)

Archivo El Comercio

El anunciado Gabinete de la ‘reconciliación’ del gobierno está tomando más tiempo en materializarse del que se habría supuesto en un principio. Uno de los factores de esa demora ha de ser sin duda la dificultad de conseguir nuevos integrantes para el equipo ministerial en medio de la crisis de credibilidad por la que la actual administración atraviesa. Pero otro, casi tan importante como el anterior, parece ser la incertidumbre que reina en el fujimorismo tras la excarcelación de su ‘líder histórico’, a raíz del controvertido indulto concedido recientemente por el presidente Kuczynski.

Como es notorio, dos sectores se disputan el liderazgo de esa opción política y la actitud de cada una de ellos frente al gobierno es bastante distinta. Mientras que la corriente liderada por el congresista Kenji Fujimori (bajo los auspicios de su padre) insinúa –a través de comentarios de sus voceros en las redes y pintas en las calles– una cierta disposición a colaborar con él, la encabezada por Keiko Fujimori (afincada fundamentalmente en la organización partidaria formal) ha negado esa posibilidad de plano. Y lo ha hecho mediante un comunicado divulgado el jueves de esta semana que vale la pena analizar.

En él, se distinguen claramente los elementos de la ‘lucha de dos líneas’ que vienen librando desde hace tiempo los dos hermanos –las discrepancias sobre la forma en que el ex presidente Fujimori debía lograr su libertad, el papel de Pier Figari y Ana Herz de Vega en el partido, etc. –; pero ninguno de esos puntos es desarrollado tan explícitamente como el que se relaciona con la colaboración a la que antes aludíamos.

El documento, en efecto, declara que Fuerza Popular renueva su “compromiso con el país respecto a la lucha contra la corrupción” y a continuar con su “rol de oposición constructiva y responsable”. Y luego sentencia: “En tal sentido, exhortamos a los representantes de nuestro partido a declinar cualquier invitación a formar parte del Poder Ejecutivo, a efectos de cumplir con el encargo que nos dio la población”. Lo que, en el contexto del llamado oficialista a la reconciliación al que nos referíamos al principio, equivale a anunciar: ‘a nosotros ni nos miren’.

De más está decir que la decisión de contribuir o no con una gestión de gobierno que no es la propia es asunto de cada partido. Pero igualmente obvio es que la fundamentación de esa determinación impactará siempre en el modo en que la ciudadanía habrá de juzgar a esa organización política de ese momento en adelante. Lo que corresponde hacer aquí, en consecuencia, es evaluar las razones que el mismo comunicado ofrece para la negativa a colaborar.

Pues bien, en el texto citado, tras indicar que la resolución tiene que ver con la lucha con la corrupción y la continuación de un rol opositor constructivo y responsable (dos consideraciones de justeza opinable), Fuerza Popular asevera que la necesidad de “declinar cualquier invitación” deriva de un encargo confiado a ellos por la población. Se entiende que el de ser oposición y no gobierno.

La verdad, sin embargo, es que cuando cada ciudadano emite un voto no sabe de antemano si sus candidatos favoritos van a estar en una posición o en la otra. Y en esa medida, se podría decir que la auténtica naturaleza del encargo es la de ser consistentes con las ideas e iniciativas que se ofreció durante la campaña desde cualquiera de las dos ubicaciones.

En ese sentido, pretender una participación en esta administración de quienes cuestionaron, por ejemplo, el modelo económico, como el Frente Amplio o Nuevo Perú, resultaría evidentemente descabellado.

¿Pero qué pasa con los sectores cuya visión económica y de gobierno en general coincidía en buena parte con la de los ganadores? ¿El encargo de los votantes a ellos fue no respaldar esos empeños hasta ser ellos mismos lo que estén en Palacio?

La materia es, por lo menos, debatible. Pero en Fuerza Popular parece existir un prurito contrario a la sola contemplación de esa posibilidad que los lleva a dejar en claro que la reconciliación a la que el gobierno aspira no será con ellos.

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