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Dos meses antes de que asuma la presidencia de su país, el chileno José Antonio Kast llegó al Perú para sostener una reunión con el presidente José Jerí, su canciller, Hugo de Zela, y un grupo de congresistas. Por sí misma, la cita ya es importante si tomamos en cuenta que las relaciones entre nuestro país y el vecino del sur se habían enfriado en años recientes, luego de que en enero del 2023 el mandatario chileno Gabriel Boric cuestionara el gobierno de Dina Boluarte por las muertes en las protestas, y el vicecanciller peruano de entonces, Ignacio Higueras, le respondiera cuestionándole por sus maneras “irrespetuosas”.

Reemplazada ya la cabeza de nuestro gobierno y a punto de hacerlo la del Estado chileno, es un buen momento entonces para resanar la relación entre dos países que tienen enormes desafíos en común. Justamente, Kast arribó a Lima para poner sobre la mesa los temas de la migración y el crimen organizado, quizás los dos más importantes para las relaciones bilaterales entre nuestros países, pero también la amenaza que supone la minería ilegal en dos naciones de gran tradición minera.

Sobre el primero, recordemos que el Perú y Chile han sido, junto con Brasil y Colombia, los principales destinos regionales de casi ocho millones de migrantes que se vieron forzados a abandonar Venezuela en los últimos años, por lo que cualquier gestión sobre un posible regreso de estos a su país de origen –especialmente tras la captura de Nicolás Maduro– requiere de la cooperación insoslayable entre ambas administraciones. Y, sobre el segundo, cabe recordar que tanto en nuestro país como en el vecino del sur se han incrementado peligrosamente varios indicadores asociados al crimen (como el número de homicidios) después de la pandemia, y que es innegable que existen bandas transnacionales que operan a ambos lados de la frontera; por mencionar solo dos, el temido Tren de Aragua o la organización criminal trujillana Los Pulpos.

Por supuesto, no podemos olvidar que la administración de Jerí es una que ya está de salida y que, en ese sentido, es crucial que su sucesor, quien quiera que sea, exhiba el mismo ánimo que ha mostrado el virtual presidente chileno para cooperar entre ambos gobiernos. Después de varios años con rencillas diplomáticas en la región –en muchos casos, lamentablemente, por desavenencias ideológicas–, es momento de recuperar la buena relación con nuestros vecinos. No olvidemos que, en cierto sentido, la manera cómo ellos lidien con la migración irregular, la minería ilegal, el crimen organizado, entre otros retos, será también nuestro éxito… o nuestra condena.

Editorial de El Comercio

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