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La catástrofe inminente
La llegada de El Niño costero es un hecho y las regiones parecen libradas a su suerte.

de El Comercio
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
El gobernador regional de Arequipa, Rohel Sánchez, ha sido muy claro. “Arequipa está al punto de llegar al extremo de una catástrofe”, ha dicho. Pero su llamado de auxilio no daría la impresión de estar teniendo eco en el Gobierno Central. Hay dos fallecidos en esa zona del país a consecuencia de las lluvias, los desbordes y las tormentas. Pero los afectados en general suman ya 4.231, y los damnificados, 89. Las viviendas afectadas, por otra parte, son ya 1.229, y las inhabitables, 44. Mientras tanto, el daño alcanza por el momento a 125,23 km de las vías de transporte.
La situación también es grave en el norte, particularmente en Piura. Allí falleció una persona al tratar de cruzar una quebrada, y el número de las personas damnificadas llega a 1.290, en tanto las afectadas son 10.112. Además, 42 viviendas han sido destruidas, 517 declaradas inhabitables y las afectadas suman 4.372. Y se supone que el fenómeno de El Niño costero propiamente dicho se presentará recién a partir de marzo… El cuadro ya es alarmante, pero, como suele decirse en los reportes del clima, el pronóstico es el de “empeorando al atardecer”.
Se trata, desde luego, de un drama cíclico. Pasado el último evento de este tipo, las autoridades bajan la guardia, los trabajos de prevención se adormecen y los municipios no reaccionan ante la gente que invade las torrenteras, bloqueando el drenaje de las aguas desbordadas. El resultado de todo ello es lo que estamos viendo o empezando a ver.
Por si eso fuera poco, esta vez el potencial cataclismo coincide con una crisis política que ha supuesto un relevo presidencial y de gobierno que todavía no termina de producirse. Una circunstancia que no quitó el sueño a quienes precipitaron este estado de cosas y, ojalá, acaben enfrentando pronto las consecuencias de sus actos.
De cualquier forma, es esa precariedad del poder en ascenso lo que explica, en parte, la ausencia de reacción oficial ante la emergencia. Si ya se tiene claridad, sin embargo, a propósito de quién será el presidente del Consejo de Ministros, las medidas más elementales de ayuda tendrían que estar ya en marcha. Si el nuevo mandatario no tiene los reflejos para proceder en ese sentido, el señor De Soto debería tomar la iniciativa. Sería una buena manera de empezar a ganarse la confianza de la población, que corre por una cuerda muy separada de aquella que podría –o no– otorgarle en las próximas semanas la representación nacional. Ante la catástrofe inminente, lo único que no puede ocurrir es que nos quedemos cruzados de brazos.











