Vandalizar no es protestar

Ninguna manifestación puede sostenerse sobre la base de la violencia o hacerse escuchar a punta de pedradas.

Editorial El Comercio
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de El Comercio

Resumen

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

(Foto GEC: Hugo Curotto / Alessandro Currarino / Julio Reaño / Jorge Cerdán)
(Foto GEC: Hugo Curotto / Alessandro Currarino / Julio Reaño / Jorge Cerdán)

Ayer se llevó a cabo una serie de manifestaciones en distintos puntos del país, incluida aquella en la capital que en los días anteriores había sido publicitada con el nombre de la ‘Toma de Lima’. En la previa, habíamos incidido en este Diario sobre la necesidad de que la movilización discurra por los cauces que la ley y una noción mínima de civismo demandan; esto es, que no implique un peligro para quienes deciden libremente no tomar parte de ella, ni para los efectivos policiales encargados de supervisarla, ni tampoco para la propiedad privada o pública. Del mismo modo, dijimos, era necesario que la policía se conduzca con la proporcionalidad que la situación ameritaba y sin caer en excesos. Todo ello, para evitar que se repitan jornadas luctuosas como la vivida en Juliaca el pasado 9 de enero.

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