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La mamadera y el berrinche, por Andrés Calderón

"Un régimen autoritario puede censurar directamente a los medios de prensa, o indirectamente tomando represalias y afectando sus costos o ingresos. No se trata, pues, de mamadera, sino más bien de un peligroso berrinche".

Andrés Calderón Abogado. Profesor de la Universidad del Pacífico.

Mauricio Mulder

El presidente del Congreso, Luis Galarreta, se pronunció a favor de la aprobación del proyecto de ley sobre publicidad estatal, inciativa de Mauricio Mulder. (Archivo El Comercio)

Archivo El Comercio

Es difícil pensar, escribir o leer algo que no sea sobre fútbol en estos días de Mundial. Reservaré, por ello, unas líneas sobre la selección para el final.

No quiero dejar de abordar una de las leyes más perniciosas que haya aprobado el Congreso peruano desde la recuperación de la democracia. Me refiero a la ley Mulder o ley mordaza (Vizcarra dixit), que prohíbe la publicidad estatal en medios privados. Como ya se ha escrito bastante al respecto, quiero referirme únicamente a dos argumentos que algunos políticos interesados y otras personas bienintencionadas –pero quizá ingenuas– han esbozado para defender la norma o atenuar su nocividad.

Están intrínsecamente relacionados y rezan más o menos así: “El Estado no tiene por qué financiar a las empresas periodísticas privadas” y “La ley no afecta la libertad de expresión o de prensa”. Para ponerlo en términos de la habitual cordialidad tuitera: “Suelten la mamadera, periodistas mermeleros”.

El Estado tampoco tiene por qué financiar a las compañías farmacéuticas, pero igual les compra millones en medicamentos e instrumentos quirúrgicos para atender en hospitales y postas. De hecho, el Estado es el principal comprador de medicinas del país. Ni qué decir de servicios como telefonía, Internet o seguridad privada. Ninguna empresa privada tiene tantas oficinas y demanda tanto volumen de estos servicios como el Estado Peruano. Siguiendo la lógica parlamentaria, también podríamos ahorrarnos esas mamaderas. Y ya puestos a economizar, podríamos también pedir a los congresistas que trabajen con un solo asesor y una secretaria (Guido Lombardi dixit). O, mejor aun, que trabajen solos y renuncien a su sueldo.

Desde esa perspectiva maniquea, todos viven de la mamadera estatal. Desde medios periodísticos hasta congresistas, pasando por laboratorios y empresas telefónicas. La verdad, sin embargo, es que a ninguna de estas empresas o personas se les regala la plata. Se las contrata por un servicio que el Estado necesita. El Estado tiene que comunicar como también tiene que proveer medicinas y producir leyes. Y en el primer caso, le paga (por publicidad) a quien puede comunicar de forma más efectiva, a los medios de comunicación privados, inmensamente superiores en alcance e impacto a los medios estatales. Una cosa es mejorar y controlar la inversión en publicidad estatal y otra muy distinta es prohibirla del todo.

Y así pasamos al segundo punto. ¿Por qué esto afecta la libertad de prensa? Porque golpea económicamente a los medios de comunicación. Como golpearía a una empresa de seguridad si, de repente, perdiera a uno de sus principales clientes. Esos ingresos mermados podrían significar la reducción de personal, una menor cobertura periodística, o un bajón en la calidad. Algo que conviene solo a los enemigos de la prensa independiente. Y por si quedaban dudas de que ese fuera el objetivo perseguido por los congresistas que impulsaron la ley Mulder, el presidente del Congreso, Luis Galarreta, las disipó con sus frases amenazantes de hace unas semanas.

Un régimen autoritario puede censurar directamente a los medios de prensa, o indirectamente tomando represalias y afectando sus costos o ingresos. No se trata, pues, de mamadera, sino más bien de un peligroso berrinche.

P.D.: Escribo estas líneas finales en el bus de retorno de Saransk a Moscú. Incómodo por las casi 12 horas del trayecto, pero no molesto. Triste por la derrota, pero no derrotado. Tengo la suerte de estar en Rusia, alentando a mi selección de fútbol, a la que además le sobran talento y entrega. Y todo gracias a Ricardo Gareca y sus 23 guerreros. Jueguen tranquilos, muchachos. Ustedes ya cumplieron con traernos a un Mundial después de 36 años. Ahora nos toca cumplir con ustedes y hacerlos sentir como locales. Donde vayan. Pase lo que pase.

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