Cualquiera sea la cantidad que se congregue –'protestólogos’, usen sus métodos para observar en campo y en foto el número aproximado de gente por cuadrícula y sumarla–, sí me atrevo a decir algo: el éxito de la protesta no estará determinado solo por la capacidad de convocatoria y organización de su comando unificado de lucha (CUL). Este es más plural que en diciembre y enero, pues incluye desde el radicalismo que pide reponer a Pedro Castillo y convocar a una asamblea constituyente, hasta la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), que busca dar un mensaje procambio de rumbo del Gobierno y, a lo sumo, gritar en pro del adelanto de elecciones.
Si no es el CUL, ¿quién ha alimentado la marcha sin querer? Pues el propio Gobierno con gestos que creía disuasivos, pero resultan lo opuesto: hacer controles de identidad en las carreteras y sacar a la PNP a hacer “ensayos” por el Centro Histórico. Otro hecho, asumo que no deliberado en contra de la marcha como los anteriores, ha sido la reunión en el Ministerio de Cultura con La Resistencia. Todo ello, sumado al terruqueo solapado de muchos dentro y fuera del Gobierno, insufla ánimo a la protesta.
Solo quiero destacar una peculiaridad de esta convocatoria, que contrasta con los comunicados de gremios empresariales, desde la Confiep hasta los comerciantes de Gamarra. Nadie ha convocado a un paro en Lima. ¿Por qué, entonces, todos los comunicados aludidos hablan de que “Lima no puede parar” y “queremos trabajar”? Porque se asume, con razón, que si las marchas devienen violentas, la conmoción obligará a cerrar negocios y a dificultar que los trabajadores lleguen a su chamba. Hago la precisión, porque una corrección del enfoque sería muy sana. El tenor debiera ser este: respetamos el derecho a protestar y a marchar, pero nos oponemos a la violencia.
Destaco, además, esa peculiaridad, porque revela la impopularidad del radicalismo en un país y en una capital de mayoría informal, desafecta de los partidos y sindicalizada en un ínfimo porcentaje. Las consignas de la marcha (adelanto, que se vayan todos, Dina asesina, asamblea constituyente) van por un lado, y las preocupaciones masivas, según se lee en las encuestas (inseguridad, corrupción, economía), van por otro. Por todo lo anterior, si te irrita la marcha y sientes que te afecta, no la alimentes.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.