En el Perú, según el Minsa, en el 2024, se recolectaron 481.232 unidades de sangre, de las cuales solo el 20% (95.542) provino de donantes voluntarios. Esta cifra, alarmantemente baja, refleja una realidad preocupante: muchas familias recurren a las redes sociales para pedir ayuda urgente ante la falta de sangre disponible. Esta situación muestra que en el Perú no existe un sistema de donación accesible, frecuente y eficazmente promovido.
Aunque las emergencias, los partos complejos y los tratamientos oncológicos requieren sangre de manera constante, en el Perú aún se garantiza el acceso a este recurso vital, sobre todo para quienes viven en zonas alejadas o enfrentan diversas barreras. Parte del problema es la escasa presencia de campañas públicas que eduquen y motiven a la ciudadanía. En el Perú, todavía estamos lejos del mínimo establecido por la OMS: al menos el 50% de las donaciones deben ser voluntarias y constantes. Además, no contamos con una base de datos nacional que permita responder con rapidez en emergencias ni existe una educación sistemática sobre la importancia de donar sangre, lo que impide formar desde temprano una cultura solidaria. Por ello, monitorear y publicar cifras nacionales de donación fomentaría la transparencia e incentivaría el compromiso ciudadano.
Cada 14 de junio se conmemora el Día Mundial del Donante Voluntario de Sangre, una fecha para agradecer a quienes ayudan y un recordatorio de lo mucho que falta por hacer, un llamado a la acción. Donar sangre no puede seguir siendo un acto forzado por necesidad; debe convertirse en un compromiso ciudadano, informado y constante.
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