Por José Cayetano Chávez

Cuando Primitiva de La Cruz vio fallecer al noveno cuy que criaba en su casa en el distrito de Sapallanga, provincia de Huancayo, Junín, temió por el futuro de los ocho pequeños y delgados ejemplares restantes. Llamó a su hijo para contarle sobre su preocupación. Fue entonces que Abel Rojas Pozo (28), quien tenía 24 años, le garantizó que no se preocupara, porque él mismo había creado una solución para prevenir las enfermedades y dificultades del desarrollo de los cuyes: el proyecto Nutricuy.

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