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A puertas del verano, comer menos no es la solución
¿Te ha pasado que luego de reducir tu alimentación de forma drástica terminas comiendo más de la cuenta? No es que te falte disciplina, es que tu cuerpo no está preparado para vivir en restricción permanente. Aprende aquí cómo hacer una dieta más efectiva.
Ante la falta de comida, se activa el “modo ahorro”, que implica una baja del metabolismo, retención de grasa y un aumento del apetito y de cosas dulces o calóricas. (Foto: iStock)
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Ante la falta de comida, se activa el “modo ahorro”, que implica una baja del metabolismo, retención de grasa y un aumento del apetito y de cosas dulces o calóricas. (Foto: iStock)
/ nicoletaionescu
Ante la falta de comida, se activa el “modo ahorro”, que implica una baja del metabolismo, retención de grasa y un aumento del apetito y de cosas dulces o calóricas. (Foto: iStock)
Llega el verano y, como cada año, empieza el festival de las “dietas milagrosas”. Que si “pierde 5 kilos en una semana”, que si “solo frutas por tres días”, o la clásica “no comas después de las 6 de la tarde”. Pero seamos honestos: ¿cuántas veces has intentado comer menos y terminado comiéndote hasta las paredes de la refri tres días después?
Llega el verano y, como cada año, empieza el festival de las “dietas milagrosas”. Que si “pierde 5 kilos en una semana”, que si “solo frutas por tres días”, o la clásica “no comas después de las 6 de la tarde”. Pero seamos honestos: ¿cuántas veces has intentado comer menos y terminado comiéndote hasta las paredes de la refri tres días después?
Porque no es falta de voluntad. Es biología. Tu cuerpo no está diseñado para vivir en restricción permanente. Cuando reduces calorías de manera drástica, el cerebro interpreta que hay una emergencia energética. Entonces activa su modo ahorro: baja el metabolismo, retiene grasa, aumenta el apetito y dispara las ganas de comer cosas dulces o calóricas. No porque seas “débil”, sino porque tu cuerpo quiere sobrevivir.
Cuando reduces calorías de forma abrupta, tu cerebro interpretará que hay una emergencia energética y buscará “sobrevivir”. (Foto: iStock)
/ LordHenriVoton
El problema (o la verdad) es que comer menos no es igual a quemar más grasa. En realidad, puede hacer todo lo contrario. Cuando te faltan nutrientes, el cuerpo empieza a romper músculo para obtener energía, y eso disminuye tu masa magra. ¿Resultado? Metabolismo más lento, menos energía y un cuerpo que se defiende de ti cada vez que intentas volver a comer “normal”. A la par, estas hormonas, al estar desajustadas, afectan tu ánimo y lo llevan por el suelo. Las mujeres somos especialmente sensibles a este tipo de restricción. Cuando el cuerpo percibe que no tiene suficiente energía, el cerebro reduce la producción de hormonas sexuales como estrógenos y progesterona. Esto puede alterar el ciclo menstrual, afectar la fertilidad, generar cambios de humor y aumentar los niveles de cortisol (la hormona del estrés). Y cuando el cortisol se eleva, el cuerpo tiende a acumular grasa abdominal… justo donde no queremos. Además, la tiroides —esa pequeña glándula que regula el metabolismo— también se ve afectada. Una dieta muy baja en calorías puede reducir la conversión de T4 a T3 (la forma activa de la hormona tiroidea), lo que se traduce en fatiga, frío, estreñimiento y dificultad para bajar de peso. O sea, el efecto contrario al que buscabas.
Las mujeres son especialmente sensibles a este tipo de restricción. Si el cuerpo percibe insuficiente energía, el cerebro reduce la producción de hormonas sexuales como estrógenos y progesterona.
Entonces, ¿qué hacer? Pues comer suficiente y lo que tu cuerpo necesita es clave. No se trata de “comer poco” , se trata de comer mejor. Darle al cuerpo lo que necesita en el momento correcto: proteína para mantener músculo, grasas saludables para tus hormonas, carbohidratos complejos para la energía y fibra para tu intestino (sí, tu microbiota también sufre con las dietas restrictivas). Cuando comes lo suficiente, tu cuerpo se siente seguro. Tu metabolismo se mantiene activo, las hormonas funcionan en equilibrio, duermes mejor, entrenas con más energía y —oh, sorpresa— también regulas mejor tu apetito. Porque al final, el cuerpo no necesita castigo. Necesita constancia, nutrientes y respeto.
La clave no es comer poco, sino comer mejor: proteínas, grasas saludables, carbohidratos complejos y fibra. (Foto: iStock)
/ fcafotodigital
Sí, comer menos puede funcionar una o dos semanas, pero no es sostenible. Tarde o temprano, tu biología te va a ganar la batalla. El verdadero cambio está en crear hábitos que puedas mantener todo el año: moverte más, dormir mejor, manejar el estrés, hidratarte y nutrirte con comida real. Así que, a puertas del verano, en lugar de pensar en comer menos, piensa en nutrirte más y mejor.
Tu cuerpo no necesita menos comida, necesita mejor información. Y créeme, cuando le das lo que necesita, él te lo devuelve en energía, vitalidad y bienestar. //