Que la muerte del monstruo Guzmán sea ocasión para ponerle cabeza fría a nuestro odio. Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Verónica Calderón / Somos)
Que la muerte del monstruo Guzmán sea ocasión para ponerle cabeza fría a nuestro odio. Lee la columna de Renato Cisneros. (Ilustración: Verónica Calderón / Somos)
Por Renato Cisneros

Hace una semana, difundida la noticia de la muerte del genocida Abimael Guzmán, muchos peruanos sentimos una mezcla de alivio y repulsión. Alivio porque al fin dejaba de existir el asesino terrorista que concibió el demencial levantamiento en armas de Sendero Luminoso, y repulsión por el recuerdo de los crímenes que Guzmán cargó en sus espaldas hasta el final y de las víctimas a cuyas familias nunca pidió perdón.

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