"Todas nuestras emociones, positivas o negativas, son válidas, traen información y deben ser habitadas". Lee la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Kelly Villarreal)
"Todas nuestras emociones, positivas o negativas, son válidas, traen información y deben ser habitadas". Lee la columna de Lorena Salmón. (Ilustración: Kelly Villarreal)
Lorena Salmón

Están sucediendo tantas cosas en este momento a nivel global, que es válido hacerse algunas preguntas. ¿Se puede mantener una buena actitud en una crisis? ¿Se puede ser optimista sin caer en la ridiculez? Hace algunos días vengo escuchando a mis amigos desesperanzados y cansados de que quizá la opción sea irnos de aquí: que huyan los que pueden.

¿Qué pasará? No hay futuro, no hay vacuna, no hay ni siquiera cama en un hospital.

He intentado por todos los medios no caer en la desesperanza. Desde mi privilegiado lugar con salud, casa, techo y algo de ahorros para no preocuparme de sobrevivir, me he mantenido firme.

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Sinceramente no sé cómo estaría mi calidad de mente y reserva de entusiasmo si estuviera pasando por el drama que muchos están atravesando hoy, pero me pregunto, una vez más: ¿se puede estar bien en un mundo como el de hoy?

El fin de semana pasado, en medio de esta locura de la actualidad, se me ocurrió organizar un festival de bienestar, una idea absolutamente atrevida para la coyuntura actual pero así como atrevida, igual de necesaria.

Atrevida porque no era un festival gratuito, tenía un costo, y necesaria porque precisamente en circunstancias como en las que nos encontramos es de vital importancia atender nuestra salud mental.

La experiencia fue muy gratificante y hermosa. Estuvo llena de aprendizajes y mensajes que quiero compartir. Fueron en total once profesionales de diferentes disciplinas enfocadas al bienestar los que compartieron su sabiduría y su talento con el resto y les estoy completamente agradecida (yo y todos los que participaron, gracias por tanto) por hacerme entender que:

1. Todas nuestras emociones, positivas o negativas, son válidas, traen información y deben ser habitadas. Si seguimos rechazando el dolor, si disimulamos la tristeza, si guardamos el miedo, tarde o temprano, todas esas emociones que no fueron transitadas de una forma saludable, se convertirán en una bomba de tiempo, tic tac, tic tac, y encontrarán la manera de salir. Si guardamos las emociones en el cuerpo, sí o sí el cuerpo hablará: ansiedad, estrés, dolores corporales reales. ¿Cómo transitarlas sanamente? Observándolas sin juicio de valor, preguntándonos a qué responden, de dónde vienen; aceptándolas y sintiéndolas: qué sensaciones me despierta esta emoción, en qué parte de mi cuerpo la siento.

2. Preocúpate de lo que puedes controlar y está bajo tu control, y sobre eso enfoca tu tiempo y energía. Lamentable y real: la mayoría del tiempo habitamos el incierto terreno del futuro preocupándonos (la palabra lo dice: nos estamos ocupando de un terreno incierto anticipadamente) sin poder hacer mucho en el momento real. Cuando nuestra mente habita otro espacio que no es el presente, viene el conflicto: la culpa de lo que pasó, la ansiedad de lo que vendrá. El momento es ahora y qué importan los clichés. Para aprender a entrenar nuestra mente en el momento presente, es imprescindible practicar ejercicios de mindfulness o atención plena: estar consciente y atento sobre dónde estás poniendo tu atención es vital, porque cuando tienes ese poder… oh poder; puedes literalmente poner tu atención sobre las cosas buenas que te pasan, que tienes, y no sobre las malas.

3. La respiración es el camino. Aprender a respirar de una manera adecuada no solo nos hace más saludables, sino también nos permite tener un mejor manejo de nuestras reacciones antes las circunstancias, a transitar nuestras emociones, a expandir nuestro cuerpo, nuestra creatividad, nuestros procesos, nos ayuda a calmarnos, a soltar cargas. Aprender a respirar es para mí una de las mejores inversiones de tiempo y es en realidad el camino hacia un trabajo interno con remuneraciones maravillosas: poder aprender a mantener una mente calma en la tormenta. Porque si nos visualizamos como un bote a la deriva de las corrientes, ¿cuál es la forma de evitar ser arrastrado por ellas y dejar de movernos sin rumbo? Echar el ancla. Nuestra respiración es nuestra ancla.

4. Somos en energía: ponla en movimiento, nada como activar nuestra energía vital para sentirnos bien, elevados, en sintonía, con la mente despejada. No hay, repito, herramienta más eficaz para combatir el estrés que poner tu cuerpo en movimiento.

Que todos estén bien. //

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