MercadosEste resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

¿Se puede vivir con el corazón partido? Quiero creer que sí. Nunca imaginé que me tocaría escribir estas palabras de pronto. Y, sin embargo, aquí estoy. Con el corazón roto.
¿Se puede vivir con el corazón partido? Quiero creer que sí. Nunca imaginé que me tocaría escribir estas palabras de pronto. Y, sin embargo, aquí estoy. Con el corazón roto.
MIRA: Siete pisos y 18 mil metros cuadrados: la nueva biblioteca de la Universidad de Lima que redefine el papel de la lectura
Hace años conocí un concepto japonés que siempre me pareció hermoso, pero que hoy entiendo desde un lugar completamente distinto: el kintsugi. Es el arte de reparar una pieza de cerámica rota utilizando oro. No para esconder sus grietas, sino para honrarlas. Porque aquello que se rompe no pierde su valor; su historia lo vuelve único. Creo que las personas también somos así.
Hay momentos que nos parten en dos. No preguntan si estamos preparados. Simplemente llegan. Y, desde ese instante, entendemos que nunca volveremos a ser exactamente quienes éramos. Durante mucho tiempo pensé que sanar era volver a la versión anterior de nosotros. Hoy creo otra cosa. La vida no nos pide regresar. Nos invita a convertirnos en personas más humanas.
En estas semanas me he preguntado muchas veces de qué me sostengo para seguir caminando. Y descubrí que no es una sola cosa, sino un círculo de soporte que vale oro: la ternura, los abrazos sin prisa, quienes se sientan a tu lado sin intentar arreglar nada, el mar que siempre me recuerda que hasta las olas más fuertes encuentran calma, las conversaciones honestas, los silencios cómodos, escribir, llorar, respirar profundo, mover el cuerpo, agradecer y seguir encontrando belleza en los pequeños detalles.
Porque incluso en medio del dolor más profundo, el amor sigue estando ahí.
Siempre he dicho que la felicidad no es vivir sonriendo. Es aprender a volver a nuestro centro, incluso cuando todo alrededor parece caerse. Volver a respirar. Volver a confiar. Volver a amar. Hoy entiendo que entrenar la felicidad no significa evitar el dolor. Significa atravesarlo sin perder la capacidad de amar. Si hoy estás viviendo una pérdida, una despedida o cualquier duelo, no corras para pegar los pedazos. No escondas las grietas. Date permiso para reconstruirte despacio.
Confío en que algún día todos descubramos que fueron precisamente esas grietas las que dejaron entrar la luz. Esa luz que brilla bonito. Tu luz. Que seas muy feliz, a pesar de.
- Lo+o, el pequeño puesto de mercado que logró que el lomo saltado vuelva a ser el rey del almuerzo diario en Miraflores
- “El diablo viste a la moda 2″: la gira de prensa donde la moda es protagonista
- Lenin Tamayo y la estética del Quechuapop: cuando la identidad se vuelve lenguaje visual
- El laboratorio donde nace Mayta: así trabaja Jaime Pesaque antes de cada menú
OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.













