RespuestasA un par de cuadras de la Plaza de Armas del Cusco, existe un rincón donde el aroma a albahaca fresca y masa madre transporta al comensal directamente a la vieja Italia. Carpe Diem, el proyecto de vida de Lorenzo y Lisseth, no es simplemente un restaurante; es el resultado de un viaje de retorno, una herencia familiar y un compromiso con la pureza del sabor y sus asiduos visitantes.
A un par de cuadras de la Plaza de Armas del Cusco, existe un rincón donde el aroma a albahaca fresca y masa madre transporta al comensal directamente a la vieja Italia. Carpe Diem, el proyecto de vida de Lorenzo y Lisseth, no es simplemente un restaurante; es el resultado de un viaje de retorno, una herencia familiar y un compromiso con la pureza del sabor y sus asiduos visitantes.
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La historia de Carpe Diem no nace en una escuela de cocina, sino en una casa en la que el amor también se sentaba en la mesa. Lisseth, originalmente formada en turismo, descubrió su pasión por la comida italiana a través de su esposo y, especialmente, de la abuela y la madre de este en el viejo continente. Durante años, mientras trabajaba en agencias de viajes durante la semana, dedicaba sus sábados y domingos a ayudar en la preparación de pasta fresca, una disciplina que hoy define como “científica” por su precisión.

Tras 15 años en Europa, la nostalgia por la tierra cusqueña motivó el regreso de ambos. Lo que comenzó como un emprendimiento en Machu Picchu en 2013 bajo el nombre de “Incontri”, una fusión que celebraba la unión del mundo europeo y el andino, evolucionó en 2015 hacia el sueño personal de Lorenzo: un espacio dedicado exclusivamente a la gastronomía italiana 100% fidedigna en la ciudad del Cusco.
La rigurosidad de la “Vera Italia”
Mantener la esencia italiana en los Andes no es tarea sencilla. Carpe Diem ha sido reconocido por la Cámara de Comercio Italiana como uno de los restaurantes fidedignos a nivel mundial, una distinción que se revalida anualmente mediante visitas de inspectores incógnitos que aseguran que lo que se sirve en la mesa mantenga los estándares de la península
La base de su cocina es la paciencia. Sus pizzas, por ejemplo, no conocen de apuros: se elaboran con masa madre y atraviesan un proceso de fermentación de entre 24 y 48 horas. Esta técnica, que utiliza romero y aceite de oliva, no solo garantiza un sabor superior, sino que resulta en un producto mucho más saludable y digestivo para el organismo. “Es dar algo bueno, algo de casa”, afirma Lisseth, subrayando que el 70% de sus procesos se mantienen estrictamente apegados a las recetas originales de la familia de Lorenzo.

El plato bandera de Carpe Diem
Si hay un plato que define la generosidad de Carpe Diem, es el Ossobuco con Tagliatelle. Este corte de carne se cocina a fuego lento entre 8 y 12 horas en vino tinto, siguiendo la receta de la “Nonna”. El resultado es una carne que se deshace al tacto, servida en porciones tan abundantes que la clientela local suele bromear sobre su carácter “cariñoso” por lo generoso del plato.
La carta, que cambia estacionalmente cada seis meses para aprovechar los productos de temporada, también destaca los Tagliatelle alla Boscaiola, cuya salchicha se elabora artesanalmente en el restaurante sin conservantes ni colorantes. Para los amantes de lo vegetal, los ravioles de ricota y espinaca representan la frescura absoluta de la pasta hecha a mano diariamente.
Compromiso con el Valle Sagrado
A pesar de su alma italiana, Carpe Diem tiene los pies firmemente plantados en la tierra cusqueña. El restaurante ha tejido una red de colaboración con pequeños productores y microempresarios del Valle Sagrado para abastecerse de insumos orgánicos. Desde las hortalizas para las ensaladas hasta las papas para sus ñoquis, todo proviene de comunidades locales.
Incluso su Limoncello artesanal, llamado Eliseo, cuenta una historia regional, ya que utilizan siete variedades de cítricos provenientes de las comunidades de Quillabamba. Este enfoque no solo garantiza la calidad del producto, sino que busca empoderar a las familias locales, ayudándoles a formalizarse e integrarse en el sistema económico.
Después de una década, Carpe Diem ha logrado lo que pocos restaurantes turísticos consiguen: construir una comunidad local fiel. Es común ver a familias cusqueñas que han visto crecer a sus hijos asistiendo cada domingo por una pizza o el legendario tiramisú, el postre que se ha hecho viral en redes sociales.
La experiencia comienza siempre con un gesto de hospitalidad: una focaccia de cortesía preparada al día, con romero y aceite de oliva, que busca reproducir el ambiente donde Lorenzo creció. En Carpe Diem, cada plato es un puente entre dos mundos, una invitación a detener el tiempo a través del lenguaje universal de la buena mesa y del amor.
Dirección: Calle Plateros 361
Carta: Carpe Diem ofrece entradas como la pizza frita Napoli Mia (S/. 29) y la Focaccia Caprese (S/. 28). Entre las pastas artesanales, los platos cuentas entre los S/35 y S/52, con opciones emblemáticas como el Ossobuco con tagliatelle (S/49), la Lasagna alla Bolognese (S/45), los Ravioli Ricotta Spinaci (S/40) y el Profumo Italiano con pulpo y mariscos (S/52). Las pizzas, elaboradas con masa madre y fermentación de 24 horas, presentan una variedad de precios, desde la clásica Margherita (S/35) y la Bolognese (S/42), hasta opciones premium como la Troppo Buona con porchetta y burrata (S/46) o la Primo Amore con aceite de trufa blanca (S/48). Asimismo, el menú incluye alternativas vegetales como la pizza Deliziosa (S/32) y ensaladas orgánicas del Valle Sagrado, como la Carpe Diem (S/29), manteniendo un equilibrio entre la alta cocina italiana y el apoyo a la agricultura local. Puedes ver más en las redes sociales del restaurante.
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