Por Marissa Chiappe

Abrir un restaurante italiano en Lima es un acto más radical de lo que parece. Solo en San Isidro hay más de once. Y en una escena obsesionada con la novedad constante, Vanessa Siragusa decide volver a Italia sin ironía, sin giros discursivos, sin fusiones y sin pedir permiso para hacerse rápidamente de un espacio que la estaba esperando desde que cerró las puertas de Dánica, su primer restaurante, en el mismo distrito. Esta vez, lo hace acompañada por el chef Tito Salini y un equipo que la sostiene.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: