Cuando éramos chicos, en mi casa y con mi familia (mis dos hermanas, mi hermano y mis papás), los fines de semana se preparaba cocina criolla. Chupes, rocoto relleno, lomo saltado, entre otros platos típicos. Mi papá tenía una especialidad que hasta hoy pensamos como un clásico: un ceviche de conchas y uvas verdes. Los almuerzos donde la abuela, que eran ocasiones especiales –y que antes parecían ser mucho más seguidos–, sí convocaban a la familia completa, la extendida, y ahí el menú incluía tal vez un seco de chabelo. Y es un recuerdo que tengo tan presente que puedo olerlo.