(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Por Lilia Córdova Tábori

En la década del 50, durante los tres días que duraban los carnavales, la vida comercial y política se paralizaba. Solo las tiendas de disfraces y ferias, ubicadas en el Centro de Lima, atendían hasta altas horas de la noche.

Cientos de personas iban en busca de chisguetes de éter, bolsas de pica pica, paquetes de talco, globos de todos los tamaños y rollos de serpentinas. Los disfraces más vendidos eran de marineros, piratas, gitanas, cadetes, pieles roja, cowboys, cowgirls, payasos, entre otros. No podían faltar las máscaras de animales.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Provistos de serpentinas y pica pica, las familias de Chorrillos, San Miguel, Pueblo Libre y La Punta acudían a los bailes infantiles donde se premiaba a los disfraces más originales. De 04:00 p.m a 07:00 p.m los niños bailaban y jugaban con chisguetes de agua.

En Barranco el baile infantil se realizaba en el parque principal. Los niños asistentes recibían serpentinas, pica pica, galletas, caramelos y chocolates. Los mejores disfraces se llevaban a casa pelotas de fútbol, patinetas, triciclos y bicicletas.

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)
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Las reinas de los carnavales

Los carnavales comenzaban con la elección de sus reinas, una por cada distrito. Todas las soberanas y sus damas de honor desfilaban en sus carros alegóricos por las calles del Centro de Lima.

La elección de la reina de los carnavales 1958 se desarrolló en el teatro Excelsior. En esa ocasión la gracia, belleza y encanto juvenil de la Reina de la Alegría, Matilde Guillot, hizo que fuera proclamada como soberana del carnaval. Hasta las fiestas tenían una reina. La actriz Gloria María Ureta Travesí, con apenas 14 años, fue elegida la Reina de los Artistas 1958 y presidió el baile realizado en el teatro Municipal.

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El gran Corso de Carnavales

Desde las 4:00 p.m cientos de personas iban ubicándose en lugares estratégicos a fin de presenciar el Corso de Carros Alegóricos. Para las 6:00 p.m la multitud llenaba completamente el Paseo Colón, el Paseo de la República, el parque Neptuno, el jirón de la Unión, la plaza San Martín para terminar en la plaza de Armas. En la misma forma se hallaban colmadas las primeras calles del jirón Junín hasta la Plaza de la Inquisición; así como, las aceras de la avenida Abancay, hasta el Parque Universitario.

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Durante el recorrido se libraban batallas de flores, serpentinas y pica pica. La nota anecdótica la ponían las comparsas de gigantes y cabezudos. Los carros alegóricos pertenecían a empresas e instituciones como: las colonias china y japonesa, International Petroleum, fábrica Papelera de Paramonga, D´Onofrio, Jockey Club, Pisco Vargas, casa Oechsle, casa Ferreyros, entre otros.

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Al terminar el desfile la ciudad se entregaba al baile en el Campo de Marte, plazas, parques, clubes sociales, teatros como el Segura y el Municipal. Las entradas a las fiestas costaban entre 30 a 100 soles. En 1955 la banda de músicos del Centro de Instrucción Militar del Perú amenizó el baile popular organizado en el malecón por la Municipalidad de Chorrillos. En San Bartolo se realizaron fiestas y el desfile del Ño Carnavalón. En La Victoria los vecinos bailaron en la plaza de Armas y en el parque El Porvenir. Y así los distritos del Rímac, Barranco, Pueblo libre, Magdalena del Mar realizaban fiestas y verbenas populares en locales y agasajaban a sus reinas.

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Resguardando la seguridad estaba la policía que desplegaba un mayor números de efectivos. Los hospitales no tenían descanso por atender a las víctimas del juego brusco o del alcohol. Los bomberos en sus cuarteles estaban atentos a cualquier eventualidad como un incendio o un accidente de tránsito. Con el paso de los años la costumbre de celebrar los carnavales mañana, tarde y noche se fue reduciendo al juego con agua de los domingos.