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"Autorregulación", por Diego Marrero 

“Muchas veces el alcance de la regulación formal no es suficiente para ejercer todos los mecanismos de supervisión adecuados”, señala el Gerente de Inversiones de AFP Habitat

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"Una empresa que no tiene buenas prácticas de gobierno corporativo tiene un valor de mercado menor", dice Marrero. 

Mantener prácticas de buen gobierno corporativo redunda, sin duda, en un mayor valor para los accionistas de una empresa. Estas impactan en un menor costo de capital y, por lo tanto, en una mayor valorización de la inversión. El buen gobierno corporativo promueve el trato equitativo entre todos los inversionistas y, en la medida que este realmente se aplique, la confianza del mercado de valores sobre la empresa se fortalece, aumentan los inversionistas y las oportunidades de financiamiento son mejores.

La regulación formal en el mercado de valores es fundamental para el buen funcionamiento de este. Tener a un regulador oficial activo en la supervisión del comportamiento de las empresas que operan en el mercado genera tranquilidad a los inversionistas. Sin embargo, muchas veces el alcance de la regulación no es suficiente para ejercer todos los mecanismos de supervisión adecuados. Es ahí donde cobra importancia el rol de la autorregulación: la labor que cumplen los inversionistas en supervisar a las empresas por las que apuestan.

Muchas veces esta regulación puede llegar a ser más eficaz que la formal. El buen gobierno corporativo va más allá de la regulación y no necesariamente una mala práctica es ilegal o está sujeta a una intervención del regulador. Cuando una empresa decide recurrir al mercado de valores para levantar capital, tiene que estar dispuesta a abrir su información para que los inversionistas puedan decidir la conveniencia de la operación. Los incentivos deberían estar alineados. 

Por un lado, la empresa que busca financiamiento tiene el incentivo de mostrarse como una compañía que brinda buenas prácticas a sus inversionistas; mientras que, por el otro, los inversores tienen el incentivo de cuidar su capital exigiendo las mejores condiciones y supervisando que la empresa cumpla con las buenas prácticas de gobierno corporativo que, finalmente, redundarán en un beneficio para ellos mismos. No todos los inversionistas tienen la misma capacidad para identificar prácticas inadecuadas, pues muchas veces estas son muy sutiles. Normalmente, son los inversionistas institucionales los que pueden identificar las malas prácticas.

El rol de los inversores activos es muy importante en el mercado de capitales, pues muchas veces estos pueden ejercer la presión adecuada para que las empresas actúen en beneficio de todos los inversionistas. Esta presión va desde plantear los temas de manera formal en las juntas de accionistas hasta la desinversión total.

Una empresa que no tiene buenas prácticas de gobierno corporativo tiene un valor de mercado menor. Esto, porque menos inversionistas están dispuestos a comprar sus acciones, y porque le resulta más costoso emitir deuda. Los inversores que perciben un mayor riesgo de invertir en una empresa no querrán hacerlo y, si lo hacen, exigirían una tasa de interés mayor.

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