Un año antes de las elecciones presidenciales de 2016 en Islandia, Halla Tómasdóttir recibió una llamada absolutamente inesperada. Un amigo le explicó que se había presentado una petición para que postulara como candidata a la presidencia de su país. Halla dirigía un fondo de inversión y logró sobrellevar la crisis financiera del 2008, más no estaba preparada para la candidatura ni presidencia.

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