“Las mujeres tienen más trabajo independiente y menos asalariado, figuran menos entre los patrones de empresa y más entre los trabajadores familiares no remunerados”, afirma Miguel Jaramilo, investigador de GRADE.
“Las mujeres tienen más trabajo independiente y menos asalariado, figuran menos entre los patrones de empresa y más entre los trabajadores familiares no remunerados”, afirma Miguel Jaramilo, investigador de GRADE.
Por Miguel Jaramillo Baanante

En marzo del 2020, el entonces presidente Vizcarra decidió prohibir la actividad económica a lo largo y ancho del país, excepto aquella ligada a actividades esenciales. El efecto sobre el mercado laboral fue una caída nunca antes vista de la actividad, al menos desde que tenemos estadísticas laborales. Diferentes participantes, sin embargo, sufrieron diferentes impactos. Se dieron normas para dificultar el término de relaciones asalariadas formales, lo que generó brechas entre la suerte de asalariados, que con mayor probabilidad pudieron mantener sus empleos, versus autoempleados, así como entre formales e informales. Tanto el impacto de la pandemia y de las políticas que en ese contexto se implementaron como la dinámica de la “vuelta a la normalidad” muestran claras diferencias entre trabajadores y trabajadoras, donde ellas llevaron la peor parte.