Vivimos en un Perú que parece caminar sobre terreno inestable. Las crisis políticas se repiten, la incertidumbre económica se instala y la confianza se erosiona. En medio de tanto ruido, resulta fácil caer en el pesimismo. Pero también es en estos momentos cuando más sentido cobra preguntarnos qué papel cumplimos quienes tenemos una tribuna de comunicación, ya sea desde los medios, la creatividad, la cultura o el entretenimiento. ¿Qué significa ser verdaderamente relevantes en un país que atraviesa la desconfianza?
No es darle la espalda al país, es mirarlo de frente. Seguir haciendo comunicación, entretenimiento o publicidad no es frivolizar, sino más bien acompañarlo desde lo que mejor sabemos hacer: conectar. Y los datos así lo demuestran. El estudio Meaningful Brands 2025 revela que el 73% de las personas en el mundo espera que las marcas actúen para mejorar su bienestar personal y colectivo, no solo para vender productos. Y el 70% cree que las marcas deberían hacer mucho más por el bien de la sociedad y del planeta, porque “comunicar ya no es suficiente”. En el Perú, donde la desafección hacia las instituciones es profunda, esta expectativa es aún mayor. Las personas no quieren discursos; quieren acciones que devuelvan esperanza y sentido.
El estudio también introduce un concepto poderoso: el de la “agencia personal” (‘personal agency’). Las marcas más significativas no hablan por la gente, sino que les dan voz y herramientas para actuar. En un país donde muchos sienten que han perdido el control –frente a la inseguridad, la inestabilidad política o la falta de oportunidades–, esto adquiere un valor enorme. Las marcas que se adaptan dinámicamente al contexto, que sienten el pulso social y responden con empatía, son las que logran permanecer. No se trata solo de adaptabilidad tecnológica, sino de sensibilidad humana.
La historia lo demuestra: las marcas que se retraen durante las crisis pierden relevancia y lealtad; las que se mantienen cercanas y útiles fortalecen su vínculo con las personas. No basta con comunicar; hay que actuar. La adaptabilidad dinámica de la que habla Havas implica justamente eso: leer el momento, anticipar el cambio y ofrecer soluciones concretas que aporten bienestar y autonomía. En tiempos de incertidumbre, eso es mucho más valioso que cualquier campaña perfecta.
Nos toca, desde nuestro rol, seguir haciendo cultura, entretenimiento y comunicación con propósito. Ayudar a las marcas a ser parte activa de la reconstrucción social, desde la empatía y la coherencia. No se trata de cambiar el discurso cada vez que el país se tambalea, sino de sostener una voz constante y honesta, que inspire y acompañe.
Porque en épocas de crisis, la indiferencia no es una opción. Y porque, como muestran los datos, las personas no esperan que las marcas sean observadoras: esperan que sean parte de la solución.