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Roman Polanski: un recorrido por la trayectoria del actor franco-polaco

A propósito del próximo estreno de la última película del director franco-polaco, repasamos su vida, marcada por la perturbadora fuerza de su trabajo y por más de un escándalo y una tragedia.

Roman Polanski

Con casi 85 años, el perturbador director franco-polaco vuelve a las carteleras con "Basada en hechos reales". [Foto: Reuters]

Reuters

En el año 1962, un joven realizador europeo, casi completamente desconocido, recibió su primera nominación al Óscar por la película El cuchillo en el agua, rechazada en su país. 40 años y 5 nominaciones después se llevó la estatuilla a casa por su obra número 17, El pianista. En el camino se haría conocido por producciones tan disímiles como El bebé de Rosemary, Chinatown, Lunas de hiel o La muerte y la doncella. A sus casi 85 años, nadie puede negar el éxito del ecléctico Roman Polanski.

Dice en sus Memorias (2017) que, desde que recuerda, la línea entre la fantasía y la realidad ha estado siempre irremediablemente borrosa para él. Quien conoce algo de su vida y su obra puede, seguro, entender —y suscribir— esta afirmación.

Sobrevivió a la guerra, sobrevivió a una masacre, sobrevive aún a un escándalo. La biografía del director franco-polaco ha sido, desde el principio, una sucesión de hechos que, por separado, generarían más de una película; y que, al unirse, solo corroboran que la realidad puede superar con creces la ficción.

Nació en Francia el 18 de agosto de 1933, el mismo año que en que Hitler llegó al poder. Su familia se mudó a Polonia, tierra de su padre, tres años después, por lo que sus primeras imágenes se ubican en un departamento de la calle Komorowski, en Cracovia. Los Polanski no eran una familia pudiente, pero tampoco pasaban ningún apuro económico. Su madre, Bula, sí venía de una acomodada familia rusa, que la olvidó de cierta forma cuando decidió casarse con Ryszard, un hombre de menor posición económica.

En 1936 la amenaza de la guerra se cernía sobre Polonia, aunque no llegaría a estallar oficialmente sino hasta 1939. Roman Polanski tenía entonces seis años. En el documental Roman Polanski: A Film Memoir (Laurent Bouzereau, Reino Unido, 2011), este habla de esa época con dolor. Las lágrimas le corren cuando recuerda a su padre, quien logró sobrevivir a su paso por el campo de concentración de Mauthausen-Gusen (Austria). Su voz se quiebra cuando habla de su madre, embarazada, quien murió en Auschwitz. Sin embargo, logra relatar la forma en que vivió cuando sus Ryszard y Bula fueron llevados a dichos campos, pasando de una casa a otra, de una familia a otra. Casi evocando un poco de la inocencia infantil que le permitió soportarlo, cuenta cómo se escapaba al cine y cómo encontró en él el consuelo que le hacía falta para sobrellevar una realidad funesta.

Roman Polanski

Polanski entrega una nueva película tras algunos años de silencio. Basada en hechos reales es protagonizada por Eva Green y Emmanuelle Seigner. [Foto: Carole Bethuel]

Carole Bethuel

En el documental también detalla muchas de sus experiencias que fueron alimento para el guion de su multipremiada película El pianista (2002), protagonizada por Adrien Brody. Basada en el libro que escribiera Władysław Szpilman, músico sobreviviente al asedio de Varsovia, Polanski encuentra la forma de incluir, en la cotidianidad del personaje, pasajes de su propia historia. Así, su primer recuerdo infantil de las tropas alemanas marchando sobre Varsovia se convierte, en la cinta, en el primer encuentro del protagonista con los soldados. Un incidente en el que dos de estos agredieron a Ryszard Polanski se traduce en la película en una escena donde el padre del protagonista es agredido. Su desesperación infantil por conseguir alimento y su ansiedad por abrir y comer una lata de pepinillos encurtidos da pie a uno de los momentos más desesperanzadores.

Polanski ha dicho en múltiples entrevistas que se había jurado nunca rodar nada basado en su propia experiencia. Regresar a Polonia a filmar El pianista e incluir sus recuerdos en la historia fue su manera de volver a mirar sus heridas sin darles chance a que renazcan. Al respecto, Carlos Giménez Soria, crítico cinematográfico especializado en su obra y miembro del Centre d’Investigacions Film-Història de Barcelona, dice en un artículo: “El reconocido cineasta ha preferido darle a su película un enfoque realista y ha optado por mostrar la barbarie nazi desde una óptica más objetiva, sin incidir demasiado en los detalles más truculentos del genocidio (a diferencia del punto de vista adoptado por Spielberg en La lista de Schindler). Para tal caso, ha recurrido a una puesta en escena mucho más clásica de lo que es habitual en él, en la que prefiere la precisión de una reconstrucción histórica rigurosa y el gusto por una planificación clara y prosaica antes que el deformista y subjetivo tratamiento al que nos tiene acostumbrados. Este hecho convierte a El pianista en una obra un tanto impersonal que solo recupera la pureza del cine de su autor hacia la segunda mitad de la película, cuando la soledad se cierne sobre el protagonista, que se oculta en apartamentos vacíos para evitar ser deportado”.

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María López Villarquide, doctora en Documentación y Análisis Cinematográfico, señala en su tesis doctoral que, en general, “el cine de Roman Polanski podría definirse como una arriesgada intersección de tendencias cinematográficas, tradiciones fílmicas que se empastan con sumo cuidado gracias a la sensibilidad artística y la coherencia de su inconfundible sensibilidad personal. Así, a lo largo de su trayectoria como director, observamos influencias que saltan estilísticamente desde el absurdo al surrealismo, y de ahí, al llamado género del distanciamiento o extrañamiento teatral”.

Esto último no es casual. Terminada la guerra, el adolescente Roman se vio obligado a llevar una vida normal. Cuenta que nunca fue uno de los mejores alumnos en la escuela. Al contrario: estaba entre los últimos de su clase. Sin embargo, se las arregló para no pasar nunca inadvertido. Su primer trabajo lo tuvo a los 14 años, actuando para un programa radial. Entonces saltó al teatro primero y al cine después, y en ambos obtuvo más de un protagónico. Intentó estudiar arte, pero el régimen comunista reinante en Polonia no se lo permitió. Se abrió entonces una posibilidad que le cambió la vida. O que lo llevó al lugar en el que siempre soñó estar: ganó una beca en la prestigiosa Escuela Estatal de Cine de Łódź.

Dice Carlos Giménez Soria que la fundación de la Escuela de Łódź, en 1947, contribuyó a la revelación y expansión de la cinematografía polaca. “Se convirtió en promotora de toda una nueva generación de técnicos y especialistas que serían instructores de los futuros jóvenes talentos del lugar. Los alumnos de esta escuela pudieron gozar también de una educación protegida de las presiones estalinistas y amparada en la libertad de ideas y trabajo, factor que determinó su condición de librepensadores. Dentro de este agitado mar de ideas políticas, nacieron jóvenes cineastas que, con el tiempo, sintieron la necesidad de exiliarse del país a causa de los obstáculos impuestos por la censura comunista. Entre ellos destacaron Jerzy Skolimowski y, muy especialmente, Roman Polanski”.

Roman Polanski

"Basada en hechos reales", película dirigida por Roman Polanski e inspirada en la novela homónima de Delphine de Vigan. [Foto: Carole Bethuel]

Carole Bethuel

Polanski destacó en Łódź. Hizo ocho cortometrajes (algunos pueden encontrarse en internet) antes de terminar su carrera, y en ellos ya podemos encontrar los que serán luego sus temas recurrentes: la violencia, el voyerismo, el humor absurdo, la tensión sexual. María López Villarquide señala que “aunque los argumentos que pueblan su filmografía no sean todos iguales, y pese a que su estilo de filmación es flexible y se adapta a cada circunstancia concreta, Roman Polanski realiza sus películas siempre de acuerdo a una misma visión del mundo y de las personas […]; desconozco los motivos que le animan a desarrollar ese concepto del individuo y de la sociedad que puebla su filmografía: el hombre cercado por sus fantasmas mentales, asediado por el día a día en donde siempre hay algo amenazante, desplazado de su ubicación lógica y natural en consonancia con una sociedad individualista y sorda, carente de empatía hacia el personaje que le reclama ayuda”.

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Muchos de sus trabajos son considerados clásicos de la cinematografía. Desde su primera película, El cuchillo en el agua (1962), cuyo guion fue rechazado por el régimen comunista, y cuya proyección fue prohibida en Polonia, pero fue un éxito fuera de ella; pasando por El bebé de Rosemary (1968), Chinatown (1974) —la primera de sus obras en cuyo guion no intervino—, El inquilino (1976), Frantic (1988), Lunas de hiel (1992), El escritor fantasma (2010) o Carnage (2011).

La vida cinematográfica de Polanski es bastante extensa, con más altos que bajos. Es difícil decir lo mismo de su vida personal. Tras disfrutar el éxito, y luego de un matrimonio fallido, el realizador se casó con la actriz estadounidense Sharon Tate, a quien conoció al hacer el casting para la película El baile de los vampiros (1967). Se enamoraron durante el rodaje y se casaron en 1968. Al poco tiempo, ella salió embarazada. Roman Polanski entró en pánico.

Su temor a la paternidad tenía que ver, como cuenta en Roman Polanski: A Film Memoir, con el recuerdo de su madre embarazada asesinada en una cámara de gas en Auschwitz. La idea de su mujer embarazada le aterraba, casi le parecía un mal presagio. Supersticiones aparte, el embarazo de Sharon Tate no tuvo un final feliz, sino que puso al cineasta, por primera vez, en las primeras planas por motivos ajenos a su trabajo.

Tate y Polanski estaban en Inglaterra, y decidieron, según explica el realizador, que ella viajara a los Estados Unidos, pues querían que su hijo fuese de ese país. Cuenta la historia que ella estaba enfadada porque él demoraba en regresar de Londres; que la tarde del 8 de agosto de 1969 ambos hablaron por teléfono; y que, la madrugada del 9, con ocho meses y medio de embarazo, la hermosa Sharon Tate fue brutalmente asesinada por seguidores de la secta La Familia, dirigida por Charles Manson.

Roman Polanski y Sharon

Su matrimonio con Sharon Tate acabó trágicamente. Ella fue asesinada con 8 meses de embarazo. [Foto: AFP]

AFP

Fueron cuatro los miembros de La Familia Manson que cometieron el crimen: Susan Atkins, Patricia Krenwinkel, Leslie van Houten y Tex Watson, armados de cuchillos y un rifle. El cuerpo de Sharon Tate recibió 16 puñaladas. En la puerta de la mansión en Beverly Hills, en Los Ángeles, apareció escrita en sangre la palabra cerdo, que, según la leyenda negra, se escribió con la sangre de Tate.

A casi 50 años del hecho, y tras la muerte de Manson, en noviembre pasado, la tragedia de Tate y sus tres amigos —Jay Sebring, Abigail Folger y Voityck Frykowski— es una de aquellas historias que nunca pasarán al olvido. Quentin Tarantino alista una película sobre ello. Sobre el episodio más doloroso de la vida de Polanski.

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A Roman Polanski pueden amarlo u odiarlo. Amarlo por su trabajo, por supuesto, y empatizar con la historia del sobreviviente de la guerra, de quien sufrió luego el cruel e inexplicable asesinato de su esposa, y de quien ha sabido reinventarse y volver a mirar la vida haciendo un cine que pocas veces ha fallado en sus resultados.

Las pasiones contradictorias que desata, sobre todo en los tiempos del #MeToo, se deben a que en 1977 volvió a ser portada de los diarios por un asunto oscuro y personal. Entonces, Polanski, de 43 años, se vio involucrado en un escándalo por abusar sexualmente de Samantha Geimer, una chica de 13 años. Según contó la adolescente, el realizador la llevó a la casa de Jack Nicholson con el pretexto de fotografiarla para la revista Vogue; y una vez allí, la embriagó, le tomó fotos con el pecho desnudo, la llevó a un jacuzzi, y luego la violó. El realizador se declaró culpable.

Lo condenaron a un período de reclusión de 90 días en la prisión estatal de Chino, en California, pero fue liberado tras 42 días. Viajó —huyó—, entonces, a Inglaterra y luego a Francia, donde estableció su residencia. Polanski no ha vuelto a pisar Estados Unidos. No asistió, por ejemplo, a la ceremonia del Óscar del 2002, en la que obtuvo el premio al mejor director por El pianista.

A pesar de que Samantha Geimer ha dicho públicamente que Polanski se disculpó con ella, y que “ya lo ha perdonado”, y que incluso ha publicado un libro en el que cuenta su historia y su intención de pasar la página, La chica. Una vida a la sombra de Roman Polanski (2013), el caso le sigue pasando factura al realizador. Así, el 26 de setiembre del 2009 fue arrestado en el aeropuerto de Zúrich a petición de los Estados Unidos por el caso abierto en 1978. Por más de nueve meses cumplió arresto domiciliario en su casa en Gstaad. Luego el caso fue desestimado.

Quienes han logrado separar la obra de la persona siguen aún con interés y hasta con devoción el trabajo del que muchos consideran uno de los últimos genios cinematográficos vivos. Así, a punto de cumplir 85 años, Roman Polanski le entrega al mundo una nueva producción. Se trata de Basada en hechos reales (2017), película que estrenó en el Festival de Cannes y que llegará al Perú el 29 de marzo.

Sharon Tate

9 de agosto de 1969. La foto muestra el cuerpo de la actriz Sharon Tate siendo sacada de su casa alquilada en Beverly Hills, California. [Foto: AP]

AP

Basada en hechos reales cuenta con la actuación de Eva Green y Emmanuelle Seigner, esta última, esposa y madre de los hijos de Polanski. Porque sí, el cineasta rehízo su vida y, según sus palabras, pensó que también merecía ser padre. Pero, volviendo a la película, se trata de la historia de una escritora (Seigner) atormentada porque su último libro, un relato personal, se convirtió en bestseller, y su familia empieza a atormentarla por ello. Entonces llega a su vida una joven que parece entenderla muy bien (Eva Green). Tanto, que da miedo.

Aunque la crítica internacional no ha sido especialmente benévola (ya la han catalogado como una obra menor), es imposible dejar de sentir curiosidad, si no expectativa, por el último trabajo de un cineasta que, al parecer, nació para no pasar por la vida discretamente.

HABLA, POLANSKI

BF, distribuidora en el Perú de Basada en hechos reales, nos remite una entrevista exclusiva a Polanski sobre la película. Aquí un fragmento de ella.

¿Qué fue lo que te atrajo de la novela de Delphine de Vigan? Uno podría decir que esta historia de manipulación, dominación, confinamiento y suspenso fue hecha para ti.
Lo que me atrajo al principio y sobre todo lo demás fueron los personajes y estas situaciones tan peculiares y perturbadoras en las que se encuentran. Estos son efectivamente temas que ya he explorado previamente en Cul-de-sac, Repulsión y El bebé de Rosemary. Este también es un libro que cuenta la historia de un libro, lo cual me parece muy interesante. Ese también fue el caso de La novena puerta y El escritor fantasma. Es esa cosa que despierta la intriga, que resulta ser un objeto. También —y probablemente debí haber comenzado con esto— este libro me dio una increíble oportunidad de explorar la confrontación entre dos mujeres. A menudo he mostrado conflictos entre dos hombres o entre un hombre y una mujer, pero nunca entre dos mujeres.

En lugar de utilizar la voz en off, una herramienta empleada en el libro, elegiste retratar este juego de espejos entre la realidad y la ficción.
¿Acaso no es ese el papel de un director? Esos son precisamente los desafíos de esta película. Debíamos alimentar esos personajes con una cierta ambivalencia. Es uno de los ingredientes claves para una actuación poderosa, que debe provocar duda, incertidumbre y sospecha en el espectador. Esto me recuerda los espectáculos de marionetas de cuando era niño, en los que los pequeños se sentían tanto paralizados por el temor como por la felicidad al mismo tiempo; la intriga siempre se desplegaba como temían, pero también como esperaban. Recrear ese sentimiento para los adultos es divertido para mí. Espero que la audiencia lo encuentre igualmente satisfactorio.

Todos tus personajes secundarios nos recuerdan a los de El inquilino, obscuros y sarcásticos.
Un poco, supongo, pero para ser honesto no lo había pensado. Más que nada porque la presentación de El inquilino en el Festival de Cannes es un recuerdo complicado. La prensa nos destruyó y Gérard (Brach, el guionista) nunca se recuperó de eso. Tomó mucho tiempo para que la película se volviera un “clásico de culto”, como dicen.​

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