Por Juan Ossio

El estudio del Estado inca es un tema que ha motivado muchos libros y artículos desde que los europeos lograron doblegar a los que tuvieron la capacidad de conformarlo. En primer lugar, están los que se interesaron en él para realzar el mérito de la hazaña que lograron un puñado de aventureros que se atrevieron a enfrentar un complejo sistema político que sometió a seis o diez millones de habitantes y que se extendió por un vasto territorio que, según algunos como García Rosell, alcanzó los 4.000.000 kilómetros cuadrados y otros, más conservadores, como Métraux, 984.998 kilómetros cuadrados. En segundo lugar, figuran los que específicamente pusieron sus miras en este complejo político para alcanzar un mejor conocimiento de su armazón a fin de adecuar mejor el ordenamiento político que le aplicarían.

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