Resumen

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(Foto: Referencial - Pixabay)
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Por Jerónimo Pimentel

A los años especialmente nefastos, como el pasado 2020, se los denomina annus horribilis. La sucesión de años terribles, en cambio, no tiene una expresión latina que la encorsete o adorne. Las rachas no son tan usuales, pero ocurren. Uno de los grandes testimonios de una de ellas lo dio el poeta japonés Kamo no Chōmei, quien, durante el siglo XII, vivió una seguidilla de catástrofes difícil de igualar: un incendio dejó en cenizas Tokio en 1177; un huracán destruyó Kioto tres años después; ese mismo año, la capital tuvo que ser desplazada a Fukuhara debido a una guerra civil; entre 1181 y 1882, una mezcla de sequías e inundaciones ocasionaron dos años de hambruna; finalmente, en 1185 un gran terremoto no dejó edificación en pie. Deben ser los peores siete años que le hayan tocado sufrir a una población.

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