Resumen

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Fue en 1968 que Jorge Acuña tomó por primera vez la Plaza San Martín para encontrarse con su público. Desde entonces, volvía cada cierto al Perú desde Suecia, donde radicó por más de 40 años. (Fotos: Archivo Histórico GEC)
Fue en 1968 que Jorge Acuña tomó por primera vez la Plaza San Martín para encontrarse con su público. Desde entonces, volvía cada cierto al Perú desde Suecia, donde radicó por más de 40 años. (Fotos: Archivo Histórico GEC)
Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

Parece una idea simple, casi obvia, pero fue Jorge Acuña (Loreto, 1931) a quien se le ocurrió en momentos críticos: si el público no va al artista, el artista tiene que ir al público. Y fue así como un 22 de noviembre de 1968, en plena dictadura militar, Acuña Paredes ensayó una adaptación de “El corazón delator” de Edgar Allan Poe, se pintó la cara de blanco, y se paró en la Plaza San Martín para congregar a decenas, a veces cientos, de transeúntes que quedaban prendados con su silencioso histrionismo.