Por Ángel Navarro Quevedo

Recostado con los pies sobre la cabecera de un diván, Edmundo Torres (Puno, 1944) se encuentra en el centro de un pequeño espacio delimitado por telas traslúcidas. Lo rodean una figura suya en tamaño real, una fotografía de su cocina en Berlín, máscaras de catrinas, vestuarios de colores vivos y un retrato de José María Arguedas. Este espacio íntimo resume su universo: uno en el que la memoria personal es la principal fuente de creación.

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