En los años 80, el artista plástico Bernardo Barreto alquiló un cuarto en La Casona Parra del Riego de Barranco, era entonces un lugar deshabitado, cuidado por guardias. Convirtió a este en su primer taller y en el punto de encuentro de memorables artistas. No lo sabía entonces, pero estaba abriendo una puerta que muchos otros cruzarían. Quienes también pululaban ahí eran Augusta Sarria y Rhony Alhalel, y una legión de artistas que convirtieron los muros silenciosos en testigos de encuentros, sueños, debates y efervescencia creativa. Hoy, ese mismo lugar acoge Impulsos vitales, una exposición colectiva que reúne a 24 representantes de la misma generación, y que, más que una muestra, es un acto de memoria.