Local del estudio fotográfico Courret es puesto en alquiler
Local del estudio fotográfico Courret es puesto en alquiler

Lo que más impresiona, quizá, sea la nada misma. El vacío reina por donde se mire. El tapiz de las paredes, ido. Los fondos pintados a mano para las escenografías, idos. Idos también los cortinajes y las alfombras. Idos los sillones, las mesas, los espejos y la utilería varia. Único testigo del pasado esplendor del estudio fotográfico más renombrado de Lima: un rosetón de yeso en el centro del techo que recuerda que, sí, fue ahí donde la burguesía limeña acudía a retratarse para la posteridad. Un fluorescente anodino adherido al pobre rosetón, sin embargo, nos trae de vuelta al presente. En lo que ahora es el 393 del Jirón de la Unión, antes fue el 197 de la calle Mercaderes en el Centro de Lima.

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La hermosa fachada art nouveau permanece en pie, digna. Sobre ella, un cartel anuncia su arriendo y a la mente vienen el Palais Concert devenido en Ripley y la Casa Welsch hecha Starbucks. La persona encargada de mostrar el inmueble especifica, sin embargo, que el anuncio de alquiler corresponde a la parte posterior del edificio, aquella con puerta al pasaje Olaya. La que da al Jirón de la Unión con sus hermosos balcones de hierro forjado, hoy cubiertos con caca de pájaro, aún no se alquila, afirma. Lugar idóneo para un centro cultural, el temor de que aquel recodo de historia pueda ser invadido por las fritangas de cualquier pollería estremece la mente y el alma.

LEGADO PRESERVADO

Regentado por el francés Eugène Courret desde 1863, el estudio bautizado como Fotografía Central no fue solo recurso obligado de novias y comerciantes, sino también de futuros héroes de guerra (están ahí, por ejemplo, Grau y Bolognesi). Hoy, buena parte de su legado se encuentra en las bóvedas de la Biblioteca Nacional del Perú, donde cumple 30 años de resguardo. Jason Mori, encargado del Archivo Courret en la BNP, ha elegido algunos de sus tesoros para ser fotografiados.

Preservados en sobres libres de ácido, de sus archivos aparecen, entre otros documentos, diversos recibos de pago del estudio. “La casa se encarga de todo tipo de trabajo concerniente a la fotografía”, rezaban en la primera década del siglo XIX. Y era cierto. Los fotógrafos de Courret no le rehuían ni a la muerte. No solo capturaban la gracia de novias, bebes saludables y hasta mascotas, también fueron expertos en legar (para horror actual) aquellas instantáneas comunes de entonces: el retrato post mórtem. Maquillaje para sonrojar mejillas, alambre para sonrisas escabrosas y un pertinente “servicio a domicilio” formaban parte del paquete macabro de la época que lograba retratos a veces tan vitales como para confundir a la muerte misma.

TESTIMONIO DE ÉPOCA

Fechada el 16 de febrero de 1987, y dirigida a Juan Mejía Baca, director de la Biblioteca Nacional, la carta de entrega del archivo perteneciente a los descendientes de un antiguo empleado de la Casa Courret de apellido Rengifo da cuenta del total de 4.662 “paquetes”, así como de un generoso detalle: la entrega, “en calidad de yapa”, de mil negativos del Archivo Castillo. El contenido detallado del “sector importante” del archivo Courret señala no menos de 3 mil negativos: doce paquetes de “personajes importantes”, 22 cajas de negativos de vidrio y celuloide de Lima antigua, 1 paquete de colección de presidentes del Perú, dos cajas con fotos de escritores y artistas, una de teatro y actores, y una de actos militares, entre otros.

“Courret hizo también fotografía en provincias, que incluso salieron en publicaciones como 'El Correo del Perú' en 1872”, aclara Jason Mori y muestra uno de los once cuadernos de registro que vinieron con la compra del archivo. Muestra, también, las imágenes en papel albuminado de un grupo de universitarios de 1890 en la Casona de San Marcos; de la antigua dársena del Callao en 1880; de las vías del Ferrocarril Central en 1874; vistas de Chorrillos de 1870; la antigua estación San Juan de Dios; el café de Estrasburgo; y la inauguración del monumento a Colón en la alameda de Acho. También, diversas tarjetas de visita, aquel formato fotográfico que se popularizó en la década de 1860 y desencadenó una feroz competencia de precios que casi lleva a la quiebra de los estudios en Lima.

Una de aquellas tarjetas de visita, precisamente, muestra una caricatura de Courret, quien en 1887, al retirarse a Europa, dejó el estudio a su colaborador Adolphe Dubreuil. En 1935, cuando el negocio no daba para más, el estudio quebró y sus miles de negativos fueron entregados como pago a los operarios. Parte de ese legado desperdigado es el que cumple treinta años atesorando la Biblioteca Nacional.
Hoy, el bello mascarón que decora el remate de la fachada de la Casa Courret y que algunos señalan como una alegoría del progreso, amanecerá una vez más luciendo sus bien delineadas facciones cubiertas de hollín mientras mira, impertérrito, el implacable paso de los siglos. Se alquila.

INMUEBLE EN ARRIENDO - SE OFERTA COMO LOCAL COMERCIAL

Con ingreso por el pasaje Olaya, los datos de alquiler registrados en la página web de la corredora señalan que se trata de un inmueble de 533 m2, dúplex, "ideal para restaurante u oficina importante", con frente a pasaje Olaya y Jirón de la Unión. Precio señalado: 7.995 dólares. Conversables.

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